miércoles, 28 de mayo de 2014

Hogar, dulce hogar

Tras varios días de viaje, uno regresa a su minúsculo país (ese pacífico estado gobernado por los ritos ancestrales de cada día) y se encuentra con algunos imperceptibles atisbos de cambio: una ¿novela? de Luis García Montero sobre la mesa del escritorio, la luz novedosa que se filtra suavemente por las persianas cerradas o la presencia amenazadora de una nevera desnuda, casi vacía.
Más allá de donde / aún se esconde la vida, continúan las mentiras tenaces de un televisor mal apagado. Hoy ensalzan la crueldad del éxito en un estadio de Lisboa y la anémica rebelión de los votantes europeos. Pero no encuentro un solo momento para el análisis, porque cada vez se me hace más cuesta arriba desertar de los versos de Panero, confiar en que la música amansará a las fieras, abrir la puerta del garaje para abandonar de nuevo las cuatro paredes de mi patria.
Pie de foto: Hogar, dulce hogar. Martínez Clares, 2014.

12 comentarios:

  1. ¡Ah ese reencuentro con el hogar, ese reducto donde nos refugiamos todos!.. el ruido está fuera.
    ¡No dejes que nada te hiele el corazón, amigo mio !

    Besos

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    1. El corazón se calienta con vuestros comentarios. Besos

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  2. El sentido del viaje es siempre el regreso a casa....

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  3. Aunque sea por unos días, aunque sea desde Lisboa sabiendo que el fútbol no cambiará tu vida, merece la pena sacudirse los pies al volver.

    Un saludo, José Luis.

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  4. Siempre es reconfortante tener un lugar a donde volver aunque el entorno que lo abriga no lo sea tanto.
    besos de gofio.

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  5. Es lo que tienen los libros, los aromas, la butaca, siempren esperan....hasta la persiana te habrá hechado de menos. Un abrazo

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    1. Bendita persiana, amigo Víctor. Son los ojos de mi casa. Abrazos

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  6. Me gustó ese poso tan clasicista y a la vez tan actual dando estopa s las verdades que se ven a simple vista y queremos tamizar con un velo diáfano de mentiras.
    Un abrazo, Anna

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