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jueves, 23 de noviembre de 2017

El alma dormida


Os lo aseguro: no es fácil escribirle a un poeta, aunque este sea eléctrico. No es fácil escribirle a alguien que entrega su vida a la travesía del desierto. Sé de lo que hablo porque en mi primer libro le dediqué un poema a José Ignacio Lapido, una conjunción de versos que resultó -ahora lo veo- en exceso pretenciosa. Desde entonces, decidí no volver a tentar a la suerte y dediqué mis esfuerzos poéticos a cuestiones más mundanas. Súbitamente, apostaté de mis precarios principios, dejé de codiciar la comunión “en el agnóstico recreo / de los dioses” y comencé la búsqueda de una voz propia, una voz que se pareciera un poco más a mí. Una vez más, el apellido Lapido se cruzaba en mi camino justo en el momento necesario: quién podría negarle al maestro el don de la oportunidad.

martes, 2 de junio de 2015

El silencio

"Los pesos pesados del mundo editorial sólo quieren publicar lo que, acertadamente o no, consideran productos de venta fácil y marginan aquellas novelas que, en razón de su complejidad o por su voluntad innovadora, no responden al conformismo y pereza intelectual de una mayoría anestesiada por la telebasura o las revistas sobre la gente guapa".
Juan Goytisolo

"La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas".
Ainhoa Sáenz de Zaitegui.

Sé que les sobran los motivos, pero lo peor que le puede suceder a un lector es que sus principales acudideros barajen la posibilidad de echar el cierre.
Sólo me queda recordarles a mis amigos -Juan y David- que el silencio también forma parte de la melodía, siempre que no sea definitivo.
Un abrazo fuerte, solidario.

Sus motivos:

Pie de foto: Crítica literaria. Martínez Clares, 2012.

martes, 25 de noviembre de 2014

¿Un Cervantes para Níjar?

Pronto supo que a Almería no se le puede desmoronar ninguna Pompeya. Corría el año 59 cuando Juan exploró una tierra sin Giralda ni Alhambra, una tierra que sintió desnuda y verdadera. Allí, algunas camadas de niños despojados le escoltaron en su camino y pudo encontrar, sin dificultad, fondas donde acodarse junto a la desesperanza. Como a otros que vinimos mucho después, el tiempo perezoso y la inmutable libertad del poniente le dejaron varado en estos campos alfombrados de ceniza.
Juan Goytisolo, cervantino de nacimiento, paseó por esta tierra inexplicable y, ahora, aquellos campos desnudos y verdaderos, aquellos niños despojados de niñez, las tascas en las que bebía una botella de tinto y comía frugalmente (como deberíamos comer todos los errabundos) participan de este premio que hoy, según sus propias palabras, hace al autor sospechar de sí mismo.
Pie de foto: Juan Goytisolo.
Sitio web de la imagen.

Juan Goytisolo, nuevo Premio Cervantes.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Campos de Níjar

Pronto supo que a Almería no se le puede desmoronar ninguna Pompeya.
Corría el año 59 cuando Juan exploró una tierra sin Giralda ni Alhambra, una tierra que sintió desnuda y verdadera. Allí, algunas camadas de niños despojados le escoltaron en su camino y pudo encontrar, sin dificultad, fondas donde acodarse junto a la desesperanza. Como a otros que vinimos mucho después, el tiempo perezoso y la inmutable libertad del poniente le dejaron varado en estos campos alfombrados de ceniza.
La calamidad nunca debería ser un legado pero, si Juan Goytisolo regresase hoy a los campos de Níjar, aún podría hablar con la misma piedra callada y sorda y escribiría, probablemente, sobre gentes de miradas áridas que entretienen su destino entre los yates que siguen fondeando en el Sur.
Pie de foto: En el punto de mira. Martínez Clares, 2010.

lunes, 14 de mayo de 2012

Mundo aparte

No queda rastro de los piratas berberiscos, pero Mónsul ya era Mónsul antes de que Indiana Jones la recorriese muy deprisa perseguido por un aeroplano. 
También estuvieron allí Strummer y Lennon, Lorca, Goytisolo, y después la colonizó el silencio y el Mediterráneo dispuso de tiempo para borrar sus creencias, para jugar con la roca y modelarla, igual que el viento juega con la quebradiza rectitud de las pitas. 
El tiempo está detenido porque la naturaleza sigue trabajando, y la tragedia, el verso, la presencia insolente del Hombre sólo han trazado una imprecisa frontera entre dos mundos muy diferentes. 
Pie de foto: Mónsul. Martínez Clares, 2010.