lunes, 28 de noviembre de 2016

Memorial shadow

Memorial shadow, de Pilar Quirosa Cheyrouze (Editorial Nazarí, 2016).

Aunque desde el principio supe lo que contenía, no abrí el paquete postal hasta la mañana siguiente. Por eso, cuando Memorial shadow (Editorial Nazarí, 2016) -el último y flamante libro de Pilar Quirosa Cheyrouze- emergió de entre los cartones, ya llegaban a través de la prensa digital los primeros rumores que anunciaban la muerte de Leonard Cohen. Cerré la web de elpais.com y abrí, como siempre hago antes de comenzar un libro, unas páginas al azar. Allí, en un verso premonitorio, estaba la respuesta a ese desangelado amanecer: la vida en un epitafio.


viernes, 25 de noviembre de 2016

lunes, 24 de octubre de 2016

Lo profundo de la vida

Viñeta de Mesamadero en el Ideal del sábado 22 de octubre.

Nada les va a parar. Sabemos que removerán la tierra, que lo seguirán buscando porque Lorca tampoco está en el Peñón del Colorado y ellos (los técnicos) sospechan que alguna de sus últimas paladas puede haber rozado la portentosa osamenta del genio. Se diría que encontrar al poeta más allá de sus libros es una misión imposible, aunque conocemos el tesón con que los buscadores de tesoros se entregan a sus mayores desafíos. Cualquiera de nosotros, amantes de la escasa pericia, ya habríamos abandonado con sólo echar un vistazo al terreno, como abandonaron, hace más de treinta años, Strummer y Arias.
Joe Strummer -líder de The Class- quedó con Jesús Arias en un garito de Madrid. El británico apareció a bordo de un sublime Dodge-Dart gris metalizado con el techo negro -su ya mítico Spanish-American car, como él mismo lo bautizó- y, con la excusa de probar el carro, le propuso a Arias algo que bien podría ser el título perfecto para cualquiera de los temas de su banda: "Let's go to Víznar". Anochecía, cuando llegaron a Víznar y Strummer decidió confesarle sus verdaderas intenciones: pretendía comprar unas palas para buscar la tumba de Lorca y desenterrarlo. En vano, Jesús Arias trató de explicarle que habría que remover miles de metros cúbicos de tierra y que, probablemente, después de tantos decenios, ni siquiera encontrarían vestigios de los enterramientos. Pero Joe sólo entró en razón cuando Arias le llevó al paraje donde se sospecha que Lorca fue fusilado. Allí, prendió un pitillo y, mientras observaba la puesta de sol, comenzó a llorar. "Puedo escuchar el grito de los muertos, la tragedia que ocurrió aquí".
Strummer comprendió en un instante de silencio todo lo que jamás notarán los geo-radares y supo, como por arte de magia, que es absurdo seguir buscando a Lorca entre escombros y terraplenes, porque todos deberíamos saber a estas alturas que Lorca descansa entre versos, que habita las páginas de sus libros y que sigue iluminando, cada día, las estancias más oscuras de nuestra memoria.

The Clash - Should I stay or should I go

jueves, 13 de octubre de 2016

Knockin' on Heaven's Door

Dylan durante una conferencia de prensa en Suecia (1966). Imagen de CORDON PRESS.

En una ocasión, le preguntaron a Dani Martín, antiguo cantante de "El Canto del Loco", sobre Bob Dylan: “Me parece un pesado”, respondió. Hoy, le han concedido el Premio Nobel de Literatura. A Dylan, naturalmente.


lunes, 3 de octubre de 2016

Cuestión de tiempo

Franz Kafka

Es ya legendaria la extraordinaria capacidad de algunos narradores para escribir sus relatos en poco tiempo sin necesidad, además, de excesivas correcciones, reescrituras, puntualizaciones ni precisiones de estilo. Por poner un ejemplo, recordemos que Franz Kafka escribió La condena (Das Urteil), con unos medios -imagino- precarios, en la noche del 22 al 23 de septiembre de 1912. Aproximadamente, el mismo tiempo que yo he empleado en escribir esta entrada.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Gràcies, paisà

El escritor Javier Pérez Andújar y la alcaldesa Ada Colau entran en el Saló de Cent. Albert Bertran para El Periódico.

La noche del pasado jueves, Javier Pérez Andújar -catalán de San Adrián de Besós, hijo de goreños-, tras aguantar un linchamiento desmedido -como cualquier linchamiento que se precie- por parte de un amplio sector del nacionalismo catalán, pudo leer su pregón de las fiestas de la Merced. No es de extrañar que comenzase su intervención con estas palabras: “Bona tarda, bonsoir, buenas tardes y felices fiestas de la Mercè a todas las autoridades, a toda la gente sin autoridad y a todos los desautorizados en general”.
La raíz de la controversia generada por su designación como pregonero no hay que buscarla en su preparación ni en sus méritos; la raíz de esa iracunda y desproporcionada respuesta habría que buscarla en que Pérez Andújar, que nunca se ha posicionado como unionista, no forma parte del habitual catálogo de ideólogos del independentismo, en su irónica pluma y, además -para qué callarme-, en sus orígenes. Así se refiere a los mismos en una antigua entrevista: “Pero no soy de izquierdas por ideología. Lo soy de una forma más primaria. Mi abuelo era un campesino de Gor (un pueblo de Granada) que defendió la República. Mi padre, un trabajador industrial que militó clandestinamente en el sindicalismo barcelonés. Y yo soy de izquierdas porque me lo ha mandado mi madre”. No me negarán que, cuando su abuelo nació, debía ser lo suficientemente pequeño como para que ese hecho no tenga tanta importancia hoy en día ni suponga un lastre social para sus herederos.
Pero vayamos a lo verdaderamente importante. El pregón de Pérez Andújar supone una sucesión inteligente y emocionada de agradecimientos a quienes edificaron la Cultura en la ciudad de Barcelona y a quienes, con su esfuerzo, con su trabajo, con su vida incluso, edificaron la ciudad misma. Porque, como leyó Javier acertadamente, “La cultura popular (…) nacía de la explotación del trabajo y de la felicidad de la lectura. Como toda la cultura popular”.
No se lo pierdan porque, desde hace unos días, Barcelona es un poco más de todos los barceloneses. De los que lo son y de los que lo fuimos.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Parte médico

Extracto de un parte médico.

A tan sólo un golpe de clic, encontramos la dirección rae.es. Bajo ese apelativo tan contemporáneo, se esconde una de las herramientas más tradicionales: el Diccionario de la Real Academia. Allí, si buscamos por la “d”, nos daremos de bruces con el verbo “deambular”, tal vez el intransitivo más adecuado para explicar estos paradójicos tiempos de deriva. Leamos la definición:
1. intr. Andar, caminar sin dirección determinada”.
El hecho de que ya casi nadie camine con un rumbo fijo hace que la jerga de determinadas profesiones deba actualizarse para adaptar todas sus inexactitudes al rigor que esta imprecisa actualidad requiere. Por eso, en cualquier parte médico -por poner un ejemplo- es posible que se prescriban tratamientos de esta calaña: “deambular con muletas”. Y, para colmo, cojeando.

lunes, 27 de junio de 2016

Figueredo enamorado

Figueredo enamorado. Martínez Clares, 2016.

Es obvio que Figueredo la quiere. Y también es obvio que Figueredo sabe desdramatizar su amor como lo harían los mejores poetas: aportando a su declaración la dosis precisa de ironía. Hasta aquí, todo perfecto. Pero Figueredo ha olvidado la coma. La maldita comita. Y ustedes pensarán que soy un intransigente por fijarme en esas nimiedades, pero sepan que, sin la coma, lo que era una bellísima declaración de amor se ha convertido, de repente, en un mal deseo para su chavala, un deseo que la conduce por la vía rápida del deterioro hacia la senectud. Pero a mí -para que vean ustedes- esta pintada me emociona cada día desde hace un par de años, porque, pese a todo, ambas expresiones -la real y la posible- son producto del amor. Del amor y de la poesía de Figueredo. Claro.

lunes, 20 de junio de 2016

II Antología Argonautas

II Antología Argonautas. Editorial Argonautas, 2016.

Aunque uno ya está un poco rancio para estos menesteres, me han incluido en la II Antología Argonautas, última maniobra de esta editorial dedicada especialmente a los “autores noveles”. Emilio Álvarez, Diana Beláustegui, Fernando G. Maroto, Federico Melis, Diego Mercado Villaroel, Guillermo Pavón Gray, Linda Ravstar, Rubén Torres Cuerpo, Jaume Vicent y Denisse Buendía son algunos de los nombres propios que la integran como representantes de “toda una generación de ADN tecnológico y altas dosis de coraje”. Parece ser, además, que nuestra “capacidad de reinvención de formas y discursos” resulta indispensable para la codiciada evolución del lenguaje poético.
Desde aquí, naturalmente, agradezco a la Editorial Argonautas esta iniciativa, mi inclusión y sus palabras. Deben tener alguna razón nuestros antólogos porque sospecho que, a los náufragos de la Literatura, sólo nos queda intacto el coraje. Por ahora.

jueves, 16 de junio de 2016

Creando ciudades

Apocalipsis. Martínez Clares, 2010.

Nunca se termina de hacer una ciudad. Apenas se concluye por el norte, ya hay que empezarla nuevamente por el sur. Sus calles, que primero se asfaltaron, después se adoquinan; sus edificios son derribados o remozados para especular con sus despojos o para adecuarse a las nuevas necesidades que la sociedad, en su devenir, va generando; los barrios periféricos se adecentan tan sólo para limar algunas de sus asperezas; sus recorridos más cotidianos se marcan con fugaces líneas amarillas, líneas que nos conducen cada día, sin aspavientos, a la desmoralización del tráfico detenido; y a veces, incluso, se levantan andamios sobre nuestras cabezas para que los peatones podamos seguir transitando bajo ellos camino de nuestro trabajo o de la oficina del paro.
Nunca se termina de hacer una ciudad porque se trata de un organismo vivo que se desarrolla alimentándose de sí mismo, como un producto eternamente inacabado que crece y decrece siguiendo las pautas que le va marcando el aburrimiento de sus pobladores.

lunes, 6 de junio de 2016

Las edades a su paso

Pinchos. Martínez Clares, 2011.

Piensa que, si lo mejor de salir es regresar a casa, puede que te estés haciendo viejo.


martes, 17 de mayo de 2016

Veinte años bajo Cero

091 en concierto. Imagen de JM Grimaldi. Sitio web de la imagen.
Banksy sospecha que hay paredes que nunca han sabido guardar un secreto: “Vuelven Los Cero”, nos gritan desde hace meses las de Granada. Era previsible la euforia colectiva, porque no hay silencio que pueda acumularse durante veinte años en las gargantas. Tal vez por eso, antes de entrar a la plaza de toros, Fran ya nos avisaba con la resignación de un don Tancredo crepuscular: “Hoy, Los Cero nos van a hacer pedazos”. ¿Cómo vencer el frío de tanto tiempo? Han sido veinte años bajo Cero, veinte años esperando que algún fuego nos convirtiese en humo y, al fin, en unos pocos minutos, cinco tipos de Granada iban a prender la maldita llama.

martes, 10 de mayo de 2016

La abuela Europa

De pie, a la izquierda, Eduardo Pretel.  A la derecha de la imagen, sentada, su esposa Eufrasia Guzmán. En primer plano, están tres de sus hijas. De izquierda a derecha: África, América y Europa. El resto de personas que aparecen son trabajadores de su taller de tricotosa, situado en la calle Real de Gor. Es imposible determinar el año exacto, pero se trata de la primera década del siglo XX.

Cada vez que hago el recuento, confirmo que somos muy pocos los nietos de Europa: me bastan los dedos de una mano. Aunque esta particularidad no nos circunscribe a un espacio geográfico concreto, si podríamos decir que delimita el territorio familiar que habitamos desde la niñez: el territorio inexpugnable de la memoria.
El bisabuelo Eduardo debió pensar que no existe frontera que no merezca ser profanada cuando dio rienda suelta a sus ideas más vanguardistas, lo que, en aquella Granada rural de entresiglos, no podía acarrear más que incomprensión y algún que otro problema. Contado así, puede parecer una broma, pero a mi abuela la llamó Europa y, a sus hermanas, África y América. Desconozco si por aquel entonces Oceanía era ya un continente digno de ser tenido en consideración o si él sentía algún tipo de animadversión por Asia, pero a su cuarta hija la inscribió como Eufrasia para enfatizar, tal vez, la trascendencia que la tierra del Éufrates tuvo en la evolución de nuestra especie. Con los varones no voy a extenderme, aunque me consta que tampoco escaparon a sus devociones científicas, pues otro de sus hijos se llamó Arquímedes.
No recuerdo en qué escena de Ninotchka (Ernst Lubitsch, 1939) se afirma que nadie puede ser tan feliz sin ser castigado por ello. Eduardo no era ningún cándido y sabía, de antemano, que los nombres elegidos para sus hijas no agradarían a aquella Iglesia decimonónica, por lo que decidió bautizarlas con otros extraídos cristianamente del santoral. Pero se aseguró de que nadie pudiese arrebatarles sus verdaderas identidades inscribiéndolas como tales en el registro civil y en la memoria de sus coetáneos. Hasta tal punto lo consiguió, que ni yo mismo sabría decirles cuáles fueron esos otros nombres bendecidos por el cura en la pila bautismal.


Europa y Eufrasia en su tienda de ultramarinos. Década de los setenta.

Convengamos que el pensamiento avanzado del bisabuelo Eduardo y su veneración por la Cultura y el Humanismo no podían acarrear más que problemas, pero nadie se hubiese atrevido a vaticinar entonces que éstos alargarían sus tentáculos hasta un siglo después. Y es que sus audaces ocurrencias tuvieron mucho que ver en mi primer desencuentro con la Autoridad. No tendría yo más de catorce o quince años cuando una pareja de la Guardia Civil de Guadix, que esa noche hacía la ronda en mi pueblo, me pidió la documentación al verme deambulando con una litrona caliente. Como me fue imposible identificarme (seguramente no tendría aún ni el DNI), me preguntaron por mi familia. Pude haberles dicho que mi padre, Pepe Luis, regentaba un ultramarinos en la calle Ancha; que mi abuelo, Antonio Clares, era el guarda forestal; o, simplemente, que mi casa estaba un par de manzanas más arriba. Pero preferí, quizás impulsado por la desfachatez que nos concede la dosis exacta de cerveza, regresar al territorio inexpugnable de mi memoria y responderles como creo que le hubiese gustado al bisabuelo Eduardo, decidí profanar una frontera con la esperanza de que él también la hubiese profanado un siglo atrás, aún sabiendo que mis palabras no provocarían más que su hilaridad o su cólera, que pensarían, con total probabilidad, que un niñato estaba intentando mofarse de ellos: soy nieto de Europa.

viernes, 6 de mayo de 2016

Partiendo de Cero (V)


Con Los Cero, Granada empuñó, al fin, una guitarra eléctrica y la ciudad, a cambio, se quedó para siempre en la atmósfera de sus temas. Valga como ejemplo “La vida que mala es”, quizás su canción más tarareada, su letra más granaína, en la que fusionaron un riff de guitarra al más puro estilo Bo Diddley con una copla del Sacramonte que ya cantaba, en su momento, el místico Enrique Morente. “Miras la vida como una carrera / y no naciste para ganar, / por más que corrías no viste la meta, / busca un hombro en el que llorar”.
A Diddley, que nació como Ella Otha Bathes, le cambiaron pronto el nombre para que pudiera convertirse en la figura más decisiva durante la transición del blues al rock. Disfruten de su guitarra, tenaz y enloquecida, partiendo de Cero.

miércoles, 4 de mayo de 2016

viernes, 29 de abril de 2016

Transposición didáctica (II)

Cómo decíamos ayer… (Martínez Clares, 2010).

La Unidad Didáctica Integrada (UDI) parece una herramienta perfecta para tenerlo todo bajo control, pero no deberíamos engañarnos: la Educación es lo que sucede en el aula mientras el maestro planifica lo que debería suceder mañana en el aula.

martes, 26 de abril de 2016

Otra sentimentalidad


A veces, conviene leer la vida desde una sentimentalidad diferente. La perspectiva que nos ofrece el humor bien podría ser una opción. Me refiero al bueno, naturalmente. Pongamos como ejemplo el Holocausto: La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) es un ejercicio perfecto de maestría cinematográfica. En cambio, La vida es bella (Roberto Benigni, 1997) no es más que una progresión melodiosa de emociones. Ambas ocupan un lugar destacado en mi cinéfilo corazón, pero sólo la cinta de Benigni me lo pellizca a diario.

viernes, 22 de abril de 2016

Partiendo de Cero (IV)


Le he leído a José Ignacio Lapido en alguna parte que los 091 adquirieron, durante un tiempo, la generosa costumbre de encumbrar a sus teloneros mientras ellos mismos permanecían inalterables en ese limbo caprichoso en el que algunos poetas duermen el sueño eterno. Sirva como ejemplo la historia de su primer concierto en Zaragoza, narrada de manera exhaustiva en este magnifico artículo de Octavio Gómez Milián publicado en bigstarmusic.es. “De Cierzo y espantapájaros: 091 en Aragón” da cuenta de una serie de anécdotas y recuerdos propios de una época en la que el rock, como la memoria, aún viajaba en furgoneta y por carreteras secundarias.


Leyendo algunos de los testimonios, uno se va haciendo la idea de lo que supuso aquella noche inolvidable del primero de mayo del ochenta y cinco: Pedro Vizcaíno, de Grabaciones en el Mar, nos cuenta: “imborrable la primera vez, en San José, en el antiguo matadero, con los Héroes del Silencio como teloneros (cuando aún eran tres miembros). 091 presentaban su primer álbum y los Héroes aún no tenían disco". Otro que tampoco faltó a la cita fue Fernando de los Modos que nos habla de una “zaragotham rockera” plantada ante los “textos inteligentes, las estupendas melodías y el poderío rítmico” de Los Cero. Tampoco el locutor y escritor Miguel Mena ha olvidado aquella noche: “Recuerdo que en los bises tocaron “A mí con esas” de Los Brincos y “Have you ever seen the rain?” de Creedence Clearwater Revival. Esa noche estuve con ellos en el KWM y luego les acompañé al hotel Conde Blanco, en la calle Predicadores”. En cambio, Matías Uribe, crítico y escritor, nos cuenta la historia de una manera diferente, con un matiz que nos sorprende: “Aunque nebulosamente, aún recuerdo la noche que, a las puertas del destartalado pabellón de San José, le pasé una entrada a un barbilampiño Bunbury, sin un duro en el bolsillo y seguidor del grupo.”
Hagamos un guiño a todas las inexactitudes de la memoria y disfrutemos de los Héroes del Silencio -y su barbilampiño Bunbury- partiendo de Cero.