jueves, 15 de febrero de 2018

Un andar solitario entre la gente


Siento el mismo vértigo de siempre, el vértigo que siento cada vez que me asomo a un nuevo libro de Antonio Muñoz Molina. Antes de lanzarme al vacío, pongo en marcha el protocolo del fetichista: lo palpo, lo huelo, compruebo el tacto de sus páginas (esta vez viene cosido y se lo agradezco a Seix Barral), me detengo en las tapas, busco alguna incipiente dedicatoria inicial y poco más: mi oficio de lector me avisa de que ésta no es tarde para libros: lo cierro como si cerrase una caja fuerte, y lo deposito entre los estantes. Tal vez, arrimarse al precipicio de la lectura requiera de unas condiciones determinadas que todavía no se dan. Pero no me preocupa lo más mínimo. Cuando sea el momento, sé que será el libro quien me avise.

4 comentarios:

  1. Uh! como lo has descrito bien este momento mágico!!!

    ResponderEliminar
  2. Llego un poco tarde desde que escribiste esto. Seguro que a estyas alturas no has podido ceder a la tentación. Ni falta que hace.Explicale tu a las nuevas generaciones que el libro viene cosido...un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja. Me parto. Ya llevo 284 páginas andando entre la gente. Un abrazo.

      Eliminar