miércoles, 15 de octubre de 2014

El lenguaje de los puños

Hace una semana que llegó a mis manos El lenguaje de los puños (Origami, 2014) y ya le he dado un par de vueltas. En la primera, me dejé llevar por el orden establecido de ensayo más poema, pero el segundo recorrido lo estoy haciendo de forma caprichosa, sin atender a ningún precepto lógico, porque la lectura también anhela, en ocasiones, esa pequeña dosis de caos que nos facilita la violación de las fronteras.
La mayor parte de los ensayos que aparecen en esta antología de la obra de David González (San Andrés de los Tacones, 1964) persiguen etiquetar al poeta, atrapar en un par de palabras su estilo, sus temáticas y sus desenfrenos. Pero, después de leer sus poemas, se diría que como David González sólo escribe David González, y, por tanto, el etiquetado de este autor/personaje o la inmersión de su obra dentro de alguna corriente concreta me parece un derroche conceptual.
David González es un tipo, por extensión un poeta, descarnado y emocionante, como la vida que pasa diariamente ante nuestros ojos sin que le prestemos demasiada atención. Sus versos sobreviven al olvido totalmente desnudos de metáforas, de adjetivos, de artificios, porque la crudeza o la verdad no precisan de aditivos para emocionarnos, para sacudir nuestras conciencias aletargadas.
“(…) busca san andrés, dijo un policía. / tampoco. / mira a ver por andrés. / no. / prueba con tacones. / ni rastro. / así que cuando salí de la comisaría / había vuelto a nacer, / sólo que esta vez en la ciudad de Gijón. (…)”. Leyendo a González, uno descubre que hasta la renovación del DNI puede resultar un hecho conmovedor, que sentarnos a la mesa con su familia supone bucear por las aguas de la memoria compartida, que surcar la escabrosas calles de un barrio periférico es una actividad poética cuando se abren bien los ojos.
“Yo no escribo cuentos. Los cuentos están bien para que los niños se duerman. Pero yo no quiero que se duerman. Quiero despertarles. Y que ellos despierten a sus padres. Y que sus padres despierten a todo el vecindario”. Y eso es lo que consigue David González para disgusto de los guardianes de los cánones establecidos, porque su poesía no nace para ser pulcra y dócil, sino para convertirse en esa novia enlutada que regala al lector una bofetada de sombría realidad.
Pie de foto: El lenguaje de los puños. Antología crítica de la poesía de David González. Volúmenes 2, 3 y 4. Edición de José Ángel Barrueco. Editorial Origami, 2014.

10 comentarios:

  1. Prolongo la lectura de tu reseña (emocionada y emocionante) con un ir y venir por el blog-ring de David González. No lo conocía, pero comparto con él la pretensión de escribir para despertar, no para mantener dormidos. Creo, además, en la contundencia de un lenguaje poético directo a la barbilla. (Y me quedo con las ganas de ver completo un documental titulado "Perdidos. Un lugar para encontrar", al que se accede desde el espacio de David, y del que sólo encuentro un avance...)
    Un abrazo.

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    1. Los lectores de David son auténticos púgiles. Qué suene el despertador de vez en cuendo. Abrazos, amigo

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  2. La fórmula prosa + poema, me suena; de hecho mi #glóbulosversos la utiliza. Pero no conozco ni el libro ni al autor en profundidad.

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    1. Es una fórmula interesante y amena de idear un libro. Abrazos

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  3. No lo conozco pero me gusta esa premisa "escribir para que la gente se despierte" o en su defecto sueñe con otra vida mejor.

    Besos

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    1. Despertar es un ejercicio saludable. Darse de bruces con la realidad... y hacer algo por cambiarla. Besos

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  4. "No molestarlos en su vida que bulle de expectativas. Bajo ningún concepto hay que despertarlos. Ellos no sabrán nunca lo caro que paga la singularidad de su destino. Dejad dormir al hombre" E.M. Cioran. Estas palabras encierran una gran verdad, también. A los que duermen no les hace ninguna gracia despertar. Rara vez cambian respecto a lo que hacen y son, precisamente porque son así. No les dan por reflexionar, sino todo lo contrario, te toman como enemigo, como loco, y una vez pasado el berrinche, se vuelven a dormir. Las palabras de un poema vuelan como hojas secas por los arrabales de los insomnes.

    Abrazos, amigo.

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    1. Un final digno de un poema. De una gran poema. Abrazos

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  5. Un descubrimiento para mi, lo cual te agradezco....si es que hay tanto por visitar y descubrir...y para eso hay que soñar sí, pero tb estar despiertos...un abrazo

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    1. Un descubrimiento para quienes lo leen, porque te sorprende. Te garantizo que no te dejará indiferente. Abrazos

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