lunes, 4 de febrero de 2013

Oh capitán, mi capitán

Aún recuerdo a mi maestro. 
Lo recuerdo enseñando, con aparente libertad, cómo acercarnos a este mundo que se derrumba cada día, cómo encontrar sus costuras, sus debilidades, cómo afrontar, llegado el caso, su turbadora oscuridad. Recuerdo, también, que muchas de sus preguntas no tenían respuesta, que sus historias admitían finales muy diferentes, que se alborozaba con nuestras dudas, que disfrutaba haciéndonos sentir vivos. Pero, sobretodo, lo recuerdo llevándonos de la mano hacia la belleza, ese lugar abstracto que está en todas partes y en ninguna. 
Como al profesor Keating, a mi maestro, un día, también le mostraron la puerta de salida. Pero él eligió quedarse. 
Ahora, si busca usted a mi maestro, lo encontrará enterrado bajo una montaña de legajos, un cúmulo de ásperos documentos que describen cada uno de nuestros pasos, que anticipan las intenciones del que enseña, las dificultades del que aprende y la forma en que serán juzgados los gestos, las respuestas o los silencios. En ellos, en esos papeles que pesan 80 gramos por cada metro cuadrado, a doble cara si es posible, se encuentran las claves para descifrar su ineficacia, su desidia, la escasa productividad de su labor docente. 
Muchos piensan que es natural que sus jefes le obliguen a preverlo todo, a programar la belleza de un poema, a medir los sueños, porque sólo así conseguirán que nada nos sorprenda, que la improvisación, la creatividad o el talento no se cuelen en las aulas, que se mueran de aburrimiento nuestras inquietudes y también su libertad. 
Pie de foto: Una imagen de “El club de los poetas muertos”.

29 comentarios:

  1. ¿Por qué vamos al colegio? En primer lugar, según Kant, para aprender a estar tranquilos y ser puntuales. Lo que inculcan a esas cabecitas rubias o morenas en primaria es el buen uso de los días y las horas. Esta aclimatación a la regularidad, interiorizada en la infancia, ya no nos abandona. Éramos turbulentos y fantasiosos; sentamos cabeza y nos convertimos en seres asiduos. En cada niño hay un salvaje perdido. Los niños, como los salvajes, tienen criterios artísticos muy suyos que los adultos no aciertan a comprender. El colegio, como puedo comprobar, fue una buena representación del mundo. Todo lo que nos pasó allí continúa sucediéndonos ahora; todos los modelos de autoridad que allí sufrimos se reproducen con asombrosa fidelidad. Como en el colegio también, se valora más la sumisión que la eficacia. En la actualidad, casi toda nuestra educación se destina a dos finalidades: amasar para el estado y, en el caso del individuo, aprender a ganarse la vida. No es por tanto de extrañar que la sociedad esté obsesionada por el dinero, ya que todo el desarrollo de la educación parece indicar que esa obsesión es normal y deseable. Resultado: víctimas de una educación con finalidades, llenas de metas, de significados, de intenciones y de objetivos. Pero después de los cuarenta años empiezas a darte cuenta de que todo estaba equivocado, que has gastado cuarenta años de tu vida en problemas inexistentes. Dice el demagogo Vergilio Ferreira en su libro Pensar (Acantilado): "Me he pasado cuarenta años explicando cosas a los alumnos. Y se me ha quedado el vicio de explicar, incluso lo inexplicable. Ahora necesitaría otros cuarenta años para desaprender la explicación de lo que he explicado."

    Perdona este comentario tan largo pero es que me ha gustado mucho la reflexión de hoy en este espacio.

    Fuerte abrazo,amigo.

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    1. La escuela es un reflejo de la sociedad, efectivamente, por lo que cada sociedad tiene la escuela que se merece. Conozco algunos sociólogos destacados que firmarían tus palabras. Abrazos

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  2. A mi tambien me ha gustado mucho tu reflexion
    Tengo muchos recuerdos de mis maestros, de los buenos y de los malos
    Ahora que soy docente me doy cuenta de lo dificil que es esta tarea y de que sin vocacion acabas sin duda siendo un mal maestro...pero estan dificil mantener esa vocacion hoy en dia
    Un abrazo

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    1. Mantener la vocación y la respiración, sumergido en burocracia inútil. Abrazos

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  3. Hola José Luis no se si tu reflexión es también a raíz de lo que pudimos ver ayer por la noche en Salvados sobre la educación en Finlandia...pero tu post ha sido perfectamente sincronizado y por lo tanto se duplica su eficacia!!! Es siempre un placer poderte leer!

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    1. No lo pude ver, pero todo el mundo habla de ello, sobretodo en los colegios. Parece que nos hayan abierto los ojos de repente. Mirando a Finlandia, muchos maestros han descubierto las precarias condiciones de trabajo que tenemos (alumnos y profesores) y los supuestos equivocados sobre los que se asienta el sistema educativo español. Abrazos

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  4. El informe y el programa. Son los enemigos de ese misterioso mundo de la ameba, del cabalgar de Don Quijote, del oso de Favila, del reflejo de la lente o de la pincelada suelta. Competencias, currículos, programaciones, objetivos, contenidos, desarrollos..... más parece jerga de banqueros.

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    1. Qué maravillosa comparación, amigo Rafael. "Jerga de banqueros"... menudo análisis y menudo título para un poema. Abrazos

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  5. Aquel profesor Keating nos llegó todos al alma, porque vimos en él una forma de enseñar muy distinta a lo que conocíamos (una vez más, un maestro en el cine lo es de Literatura: naturalmente, los guionistas se encuentran más cómodos en el tema…). Hace bien poco una pedagoga española respondía de manera sencilla a la pregunta de cuál es el problema de la educación en España: pues que quienes deben legislar sobre el modelo a seguir lo último que tienen en su pensamiento al hacerlo son los niños....

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    1. Los niños son nuestros clientes, pero los jefes no lo saben. Intentan vender el producto a unos señores que jamás lo compararán porque no están interesados. Abrazos, Juan

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  6. Cuando oyes el dato de que en Finlandia el índice de abandono escolar ronda el 0,2 por ciento y en España el 30 por ciento, te planteas algunas cosas, entre otras leer más a Walt Whitman.

    Un saludo, José Luis.

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    1. Si Whitman no está en la Programación, no puede leerse. Corremos el peligro de acabar en la hoguera Whitman, el maestro, los alumnos y la madre que nos parió a todos. Abrazos, amigo

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  7. Mis maestros no fueron como la maestra de Josefina Aldecoa ni como el inolvidable profesor Keating. Pero de una u otra forma, viéndolos dupliqué mi enseñanza. Escomo si metiera unas horas extra declase particular.
    No se si también está programado el fracaso. Conozco un caso real en el que parece que si, aunque la alumna se empeñe en que no. Un abrazo

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    1. Naturalmente, no todos los maestros son como el profesor Keating, igual que no todos los médicos son como el doctor House. Pero basta con cruzarte con uno así para que te cambie la vida. Yo tuve uno y no te imaginas cuánto se lo agradezco. Abrazos

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  8. Cuando los seres tienen luz en si mismos nos iluminan, percibimos su influencia en nuestro espíritu. Muy al contrario los seres tediosos, oscuros, nos alejan para siempre.
    Estupenda reflexión, inolvidable el Sr. Keating y todos los "Keating" del mundo.
    ¡Oh capitan, mi capitan !

    Un beso.

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    1. Tienes toda la razón. Absolutamente inolvidable. Recuerdo aquella tarde en el cine como si fuera ayer. Besos

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  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  10. Como tú, he estado de un lado y otro del aula, alumno y maestro. He catado la misma cicuta y he sufrido la prepotente agresividad de los pedabobos y de su jerga cada vez más ininteligible (si bien, tú lo sabes, los autodidactas practicamos con astucia el noble arte del escaqueo burocrático). Como alumno tuve la suerte de encontrar algunos profesores Keating, al menos en cierto grado. Como maestro, creo que mantuve el tipo durante 39 años y aún me ecuentro con aquellos chicos y chicas, hoy hombres y mujeres, que se alegran de verme y yo a ellos.

    Creo oportuno traer aquí y ahora este emocionante documento:


    París, 19 de noviembre de 1957.

    Querido señor Germain:

    Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo.

    Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.

    Lo abrazo con todas mis fuerzas.

    Albert Camus.


    (Esta carta se la escribió a su maestro de escuela cuando recibió el premio Nobel de Literatura).

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    1. Es un documento entrañable por inusual. Eso quizá debería ser la norma. Yo (salvando las distancias, naturalmente) también escribí una carta de agradecimiento a mi profesor, Damián Montoro, el día que publiqué mi primer libro. Creo que él y otros como él son los causantes de mis inquietudes, de mis devociones y también, por qué no, de alguno de mis defectos. Un abrazo, amigo.

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  11. Gracias por tus palabras, José Luis, enormemente lúcidas.
    No hay persona cabal que no recuerde con cariño, incluso con devoción, a algún maestro suyo.
    Un cálido abrazo.

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    1. Don Antonio: su presencia aquí tiene siempre un aire docente, pues son las suyas palabras que dejan un rastro que deberíamos seguir. Un abrazo.

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  12. Hay maestros y MAESTROS. De los primeros mejor callar y los segundos nos acompañan siempre, en cada paso, en cada nuevo descubrimiento, en cada tropezón...
    Besos desde el aire

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  13. Hello Dear :) .
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  14. Oh Capitán, mi capitan, el Club de los Poetas Muertos representó un hito en mi percepción vital, un disparo a bocajarro de lo que somos y nos perdemos.

    Don Rafael fue un gran maestro de fuerte personalidad, lucía su llavero del partido comunista que sólo vi que no lucía del bolsillo y lo llevaba en la mano el día del 23F, y salvo ese símbolo del que ninguno comprendía su significado no aleccionó jamás a nadie salvo en fomentar querer hacer de nosotros simplemente buenas personas. Fue un honor sus enseñanzas además del rigor de las matemáticas.

    ¡Carpe Diem!

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    1. Fue un película que nos marcó porque llegó, además, en el momento preciso. Abrazos

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  15. Es un maravilloso homenaje a un maestro. Enhorabuena al maestro que provocó estas palabras y al alumno que las escribió. Espero que algún día llegaras a decirle en persona lo que hoy escribes en este blog, que acabo de descubrir.

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    1. Veinticinco años depués, le hice llegar mi primer libro con una dedicatoria que no deja lugar a dudas.
      Pilar, bienvenida a esta tu casa. Pasa siempre que quieras. Sin llamar. Saludos

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