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sábado, 27 de julio de 2013

Neruda y sus cartas de amor

En las cartas que escribe a Matilde Urrutia, Pablo Neruda le cuenta sus pequeñas cosas pues él las considera las realmente importantes: ciertos problemas con la VISA, los contratiempos de algún vuelo, esta noche fulminante que caerá sobre Estocolmo, la furibunda rabia que le asalta cuando constata que disfrutará de la belleza de Bruselas en la más absoluta soledad. De entre ellas, destaco por su ironía la postal que tiene por destinatario a uno de sus perros (Señor Donegal Urrutia N. Márquez de la Plata 0192 Santiago de Chile) en la que le saluda con un perfecto francés: “Bonjour, guau, guau”.
Resultan especialmente interesantes las cartas de la época de su amor secreto -descarado eufemismo-, cuando el célebre poeta desliza entre los renglones algunos ripios edulcorados típicos del bolero. Con el paso del tiempo, cuando ya no les queda nada que esconder, las cartas pasionales van dejando paso a notas escritas en rasgaduras de papel, notas que organizan, matizan o precisan lacónicamente su día a día. Las frecuentes faltas ortográficas, la puntuación escasa, errónea, los dibujitos alusivos al breve e impreciso texto, el abuso de las iniciales y la frecuente intrascendencia de lo escrito acercan a Neruda a la negligencia del hombre común, alejándolo del genio que se hospeda en la salvaje suavidad de su poética.
Todo ello, tal vez nos demuestre que en el amor es preferible apearse del Parnaso y poner los pies en el suelo para bailar como es debido.
Su capitano. JL.
Pie de foto: Pablo Neruda y Matilde Urrutia. www.revistaenie.clarin.com