Mostrando entradas con la etiqueta Woody Allen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Woody Allen. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de diciembre de 2017

Si nos dejan



Asegura Woody Allen que sus defectos no llegan a trágicos. Que son, como mucho, patéticos. Pues eso. Espero que durante el año próximo sepan ustedes seguir perdonando los míos.
Les deseo una Navidad llena de agradables imprevistos. Intenten ser felices un año más. Si nos dejan.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Octogenarios: Allan Stewart Königsberg

Gracias a la cultura popular sabemos que los bichos malos sobreviven hasta en el peor de los escenarios, pero que Woody Allen haya alcanzado los ochenta sintiéndose morir desde el primer día tiene su mérito.
Allen lleva decenios avisándonos de todos sus males (tal vez por eso no le guste ninguna de sus películas), pero no le creeremos del todo hasta que lo veamos palmar. Entonces, nos daremos de bruces contra una pantalla de cine callada para siempre y aceptaremos, con resignación, que su angustia y sus obsesiones nos han regalado algunos de nuestros mejores momentos.
Pie de foto: Woody Allen. Sitio web de la imagen.


El comienzo de la histórica “Manhattan” (Woody Allen, 1979)

viernes, 3 de octubre de 2014

Una cita ineludible

No fue un día cualquiera. El lunes 3 de abril de 1978, Woody Allen triunfó en la ceremonia de los Óscar. Logró las estatuillas al mejor guión y al mejor director por una de sus obras de culto: Annie Hall. Pero Allen no estuvo allí pues la ceremonia coincidía con su concierto semanal en el Michael´s Pub, uno de esos lugares que, asociados a un momento concreto, han edificado gran parte de la profusa mitología del siglo XX.
Más que pensar en los motivaciones del genio de Brooklyn, con frecuencia me pregunto qué sentirían ese selecto grupo de elegidos sabiendo que Allen no estaba en el Dorothy Chandler Pavilion sino allí, en el 21 de la avenida 55, sobre el escenario, a unos escasos metros, apenas camuflado entre la densa humareda del jazz, sacando brillo, como todos los lunes, a su demacrado clarinete.
Pie de foto: Woody Allen empuñando su longevo Albert System. Sitio web de la imagen.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Las agujas del reloj

Siempre he mantenido la hipótesis de que el cine es esencialmente literatura. Aparte de algunos escritores, existe un número importante de cineastas que parecen empeñados en desmentirme. Lo lamento por ellos, porque ayer, al filo de la medianoche, deambulé poéticamente por un París que ya creía muerto.
Les cuento.
Midnight in Paris (Woody Allen, 2011) disfruta de un guión tan veraz que otorga credibilidad, por sí solo, a la mayor de las quimeras y, por ende, demuestra que a veces son los sueños los que acaban por determinar la realidad.
Allen -un metafísico cuya única doctrina reconocida es la hipocondría- ha logrado vencer a la muerte de la única forma que puede hacerse: burlándose de su predecible llegada.
Pie de foto: Atlas del errabundo. Martínez Clares, 2009.