En estos días, mientras el otoño se
desliza sobre nuestras junglas de asfalto, Abril se nos pone de
conmemoraciones. Nos cuenta que cumple cinco años su apartamento, ésa habitación
parisina con vistas al Pisuerga. ¿Quién puede negar que los ríos con talento fluyen
por donde quieren?
Hace un par de años que tengo las
llaves de su bitácora y, como en la película de Wilder, entro y salgo a mi
antojo sin dar demasiadas explicaciones. Pero mi proverbial discreción me
impide entrar en detalles. Sólo les contaré que, en la misma puerta, nos
reciben las palabras de “Un tranvía
llamado deseo” y que, al cruzar esa frontera, las paredes huelen a cine y
más cine.
En fin, basta con asomarse a
alguna de sus ventanas para confirmar que la primavera es amable incluso cuando
se adorna de hojas secas. Y por eso festejo que Abril siga esbozando las costuras
de nuestros sueños, los inolvidables matices de aquellos inviernos que fueron
filmados en blanco y negro.
Pie de foto: Cabecera de “El apartamento en París”.

