A Emilio Aragón. In memoriam.
Llevaba una peluca verde. Bajo ella, languidecía un rostro tan blanco y algodonado como las primeras nieves del invierno. En cambio, sus ojos eran muy oscuros y de uno de ellos resbalaba una lágrima negra. Me impresionó aquel narizón rojo que yacía sobre unos labios considerablemente mudos y, sobre todo, su indescifrable tristeza.
Mi madre recuerda como la miré decepcionado y le dije:
-Esto no es un payaso. Un payaso es Miliki.
Pie de foto: El disco más antiguo de mi discoteca. Martínez Clares, 2012.
