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domingo, 13 de octubre de 2013

Competencias básicas

Escribo desde Vivaldi -Avda. Reino de España, 184-, entre conversaciones que se enhebran y lecturas apresuradas. El bacalao gratinado se demora lo suficiente como para esperarlo con avidez y, mientras, hablamos de Educación. Coincidimos en que, en la actualidad, la labor docente se reduce a responder a una enorme carga burocrática, de manera que el maestro pasa la mayor parte de su tiempo cumplimentando todos esos absurdos documentos que mantienen satisfecha a una Administración maleducada.
Entre líneas, lleno mi copa con la sangre frutal de Arzuaga.
Sé que ninguno de mis jefes me lee y, por tanto, puedo escribir con total libertad que la Educación ahora, como hace mil años, se fundamenta tan sólo en un maestro con veinticinco alumnos y bastantes cosas que aprender. Por eso, todavía me reconforta tanto leer palabras como las que ha cincelado Muñoz Molina en su bitácora: “Un maestro, un libro, un bolígrafo, un aula, pueden cambiar el mundo. En lo que a mí respecta, me cambiaron la vida”.
A mí también, maestro Antonio. A mí también.
Pie de foto: Herramientas. Martínez Clares, 2010.

jueves, 16 de mayo de 2013

Carencias de la dieta mediterránea

No conocía las exquisitas propiedades alimentarias de los insectos. 
Desde hace unas semanas, algunos medios han iniciado lo que podría considerarse una campaña de alabanza de sus peculiaridades gastronómicas. Nos explican didácticamente que hay países en los que estos insignificantes bichitos forman parte de la carta de los mejores restaurantes.
Gusanos, saltamontes, hormigas, ¿quién podía intuir que algo tan pequeño podía esconder tantos nutrientes?
Estas noticias, casualmente, siempre anteceden o suceden a otras que nos hablan de la ruina que padecemos. Se diría que, después de conducirnos a unas cotas inadmisibles de pobreza, alguien se preocupa ahora de enriquecer nuestra dieta.
Pie de foto: Bocatto di cardenale. Edición de Martínez Clares sobre foto de compartex.net.

lunes, 4 de marzo de 2013

El apetitoso olvido

Le recordamos a Antonia que ayer comió gachas.
¿Cómo es posible olvidar algo tan delicioso en sólo veinticuatro horas? 
Parece que nuestro estómago carece de memoria. Tal vez por eso necesitemos comer todos los días.
Pie de foto: Gachas. Martínez Clares, 2013.

domingo, 31 de julio de 2011

La buena mesa

El Bulli no se cierra.
Simplemente se transforma.
Convengamos que la gastronomía es una de las artes más efímeras porque a la hora de comer estamos todos muertos de hambre.
Por eso, en Cala Montjoi, han decidido que los conjuros se lleven a cabo a puerta cerrada, aunque seremos puntualmente informados de las nuevas exquisiteces mediante sugestivas notas de prensa.
Intuyo que cerrar un santuario gastronómico es como cerrar un libro que se termina: duele, aunque ya nos lo hayamos comido todo.
Pie de foto: La buena mesa. Martínez Clares, 2011.