Todavía son jóvenes.
Casi pueden tocarse,
aunque habitan mundos diferentes. Tal vez aún se
recuerden; no hace tanto que llegaron juntos.
Cada uno juega con un
smartphone.
Lo acarician.
Le sonríen.
En la sala de espera, la
tarde transcurre educadamente. Ellos ni siquiera la
saludan.
Pie de foto: Carta de
amor. Martínez Clares, 2008.
