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lunes, 12 de febrero de 2018

En tierra de nadie


Billy Wilder nació en Sucha. Por tanto, a lo largo de su vida fue austrohúngaro (bendito Berlanga), austriaco, alemán y, finalmente, polaco. Pero no pienso en Wilder mientras escribo. Pienso en los miles de austrohúngaros que sufrieron la gran noche europea y que nunca llegaron a ser polacos.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Soñadores

Bowie and Wilde.
En cuanto la vida me deja un rato en paz, me largo con otra. Con otra vida, entiéndanme. Hoy, sin ir más lejos, le he hecho los coros a Bowie en New killer star. Hubiese preferido lidiar en solitario con ese riff machacón e inolvidable si mi primitiva motricidad fina me permitiera aventurarme en los acordes de la electricidad. Pero para qué disimularlo: la guitarra ni en sueños. Observarán que estas inactividades mías, totalmente inofensivas y cargadas de ingenuidad, no deberían acarrearme consecuencia alguna (más allá de los sempiternos y recurrentes vivesentumundo), pero no me fío ni un pelo: por algo escribió Wilde que la sociedad perdona casi siempre al criminal, pero jamás al soñador.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

El hijo pródigo


Sin saberlo, guardaba un Tàpies en casa de mis padres. Pero no se trata de un Tàpies cualquiera. Es un Tàpies plasmado en la cubierta diseñada por Jaume Bordas para un Vargas Llosa: La guerra del fin del mundo en su primera edición de Seix Barral cuando Seix Barral tenía aún su sede en Tambor del Bruc, 10, en San Joan Despí, muy cerca de nuestra residencia familiar de General Mola, s/n; una edición cuidada por Luis A. Lagos y Alex Zisman; una edición de lujo que ha reposado durante treinta y seis años protegida por un estuche sobre un estante de nuestra casa de Gor, muy cerquita del fuego como todo libro que se precie de serlo.


Lo abro con apetito y en la primera página impar, sobre un fondo que debió ser blanco en otro tiempo, encuentro trece firmas. Son las rúbricas de los compañeros de mi padre en las oficinas de Conisa, sitas en la calle Balmes de Barcelona, trece nombres garabateados que nos devuelven por un momento a aquel lejano veinticuatro de diciembre de mil novecientos ochenta y uno, el día en que se despide de su trabajo como contable tras una década. Guardan los libros más historias de las que cuentan. Tan sólo tres días después, el veintisiete de diciembre, llegamos a Gor para empezar la segunda de nuestras vidas.
Ojeo el libro y me entrego de nuevo al capricho de la aritmética: treinta y seis años esperando que alguien lo agarre con decisión, que alguien pretenda leerlo al fin, porque a pesar de ser un bien muy preciado en nuestra casa sospecho que nadie lo ha leído todavía. Ahora está aquí, en mi barra, junto a mis Alhambras artesanas, entre los juegos de mis hijos y el olor a cena de pueblo, y cuando todos se acuesten lo desvirgaré sin miramientos. Me toca a mí seguir la estela de o fanatico Antonio Conselheiro camino de Canudos, del mismo modo que hace treinta y seis años le tocó a mi padre decidir si basta con emprender el camino de regreso para poder sentirse un hijo pródigo.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Si nos dejan



Asegura Woody Allen que sus defectos no llegan a trágicos. Que son, como mucho, patéticos. Pues eso. Espero que durante el año próximo sepan ustedes seguir perdonando los míos.
Les deseo una Navidad llena de agradables imprevistos. Intenten ser felices un año más. Si nos dejan.

domingo, 10 de diciembre de 2017

La suave patria


Luis García Montero recordaba estos días un poema de López Velarde -La suave patria- para defender que ante la violencia merece la pena apostar por esa otra patria que es la vida cotidiana. La patria de cada uno de nosotros que, sumadas, configuran la patria enorme y abstracta que siempre se esconde tras una bandera.
No sin razón escribe Juan José Millás, con los pies en el suelo (esa forma extinta de andar por el mundo), que, mientras los telediarios informan de nimiedades y guerritas de claustros de primaria, ha llegado el crudo invierno y entre nosotros hay gente con los labios morados de frío. Al leer esto, es cuando uno capta toda la esencia de lo que quiere decirnos García Montero al afirmar que nuestra patria debería ser la vida cotidiana, esa vida que nunca encontrará una bandera que la abrigue.

jueves, 23 de noviembre de 2017

El alma dormida


Os lo aseguro: no es fácil escribirle a un poeta, aunque este sea eléctrico. No es fácil escribirle a alguien que entrega su vida a la travesía del desierto. Sé de lo que hablo porque en mi primer libro le dediqué un poema a José Ignacio Lapido, una conjunción de versos que resultó -ahora lo veo- en exceso pretenciosa. Desde entonces, decidí no volver a tentar a la suerte y dediqué mis esfuerzos poéticos a cuestiones más mundanas. Súbitamente, apostaté de mis precarios principios, dejé de codiciar la comunión “en el agnóstico recreo / de los dioses” y comencé la búsqueda de una voz propia, una voz que se pareciera un poco más a mí. Una vez más, el apellido Lapido se cruzaba en mi camino justo en el momento necesario: quién podría negarle al maestro el don de la oportunidad.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Un futuro Long John Silver

Portada de La isla del tesoro en su edición en USA de 1911 y mapa de la isla en la edición británica de 1883.

Podría haberlo firmado el mismísimo Robert Louis Stevenson, pero he de hacerlo yo porque el genio escocés ya no está entre nosotros y no todos los días se descubre a un personaje literario de esta magnitud. Si asumo este compromiso es porque supone una verdadera excepcionalidad que el maestro pregunte cuáles son los distintos tipos de mapas que existen y un pequeño John Silver, como surgido de entre la bruma de los pupitres, con gesto casi fantasmagórico, levante su mano para preguntar: ¿Se puede poner el mapa del tesoro?

domingo, 22 de octubre de 2017

El Génesis


Hoy, al regresar del cole, mi peque me ha dicho que Dios creó el mundo. Inmediatamente, he intentado reconducir la situación con algunos conceptos básicos sobre la formación del Universo, todos muy sencillos para no destapar del todo la caja de Pandora. Al rato, le he escuchado decirle a su madre que el mundo lo creó Stephen Hawking.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

lunes, 24 de octubre de 2016

Lo profundo de la vida

Viñeta de Mesamadero en el Ideal del sábado 22 de octubre.

Nada les va a parar. Sabemos que removerán la tierra, que lo seguirán buscando porque Lorca tampoco está en el Peñón del Colorado y ellos (los técnicos) sospechan que alguna de sus últimas paladas puede haber rozado la portentosa osamenta del genio. Se diría que encontrar al poeta más allá de sus libros es una misión imposible, aunque conocemos el tesón con que los buscadores de tesoros se entregan a sus mayores desafíos. Cualquiera de nosotros, amantes de la escasa pericia, ya habríamos abandonado con sólo echar un vistazo al terreno, como abandonaron, hace más de treinta años, Strummer y Arias.
Joe Strummer -líder de The Class- quedó con Jesús Arias en un garito de Madrid. El británico apareció a bordo de un sublime Dodge-Dart gris metalizado con el techo negro -su ya mítico Spanish-American car, como él mismo lo bautizó- y, con la excusa de probar el carro, le propuso a Arias algo que bien podría ser el título perfecto para cualquiera de los temas de su banda: "Let's go to Víznar". Anochecía, cuando llegaron a Víznar y Strummer decidió confesarle sus verdaderas intenciones: pretendía comprar unas palas para buscar la tumba de Lorca y desenterrarlo. En vano, Jesús Arias trató de explicarle que habría que remover miles de metros cúbicos de tierra y que, probablemente, después de tantos decenios, ni siquiera encontrarían vestigios de los enterramientos. Pero Joe sólo entró en razón cuando Arias le llevó al paraje donde se sospecha que Lorca fue fusilado. Allí, prendió un pitillo y, mientras observaba la puesta de sol, comenzó a llorar. "Puedo escuchar el grito de los muertos, la tragedia que ocurrió aquí".
Strummer comprendió en un instante de silencio todo lo que jamás notarán los geo-radares y supo, como por arte de magia, que es absurdo seguir buscando a Lorca entre escombros y terraplenes, porque todos deberíamos saber a estas alturas que Lorca descansa entre versos, que habita las páginas de sus libros y que sigue iluminando, cada día, las estancias más oscuras de nuestra memoria.

The Clash - Should I stay or should I go

jueves, 13 de octubre de 2016

Knockin' on Heaven's Door

Dylan durante una conferencia de prensa en Suecia (1966). Imagen de CORDON PRESS.

En una ocasión, le preguntaron a Dani Martín, antiguo cantante de "El Canto del Loco", sobre Bob Dylan: “Me parece un pesado”, respondió. Hoy, le han concedido el Premio Nobel de Literatura. A Dylan, naturalmente.


lunes, 26 de septiembre de 2016

Gràcies, paisà

El escritor Javier Pérez Andújar y la alcaldesa Ada Colau entran en el Saló de Cent. Albert Bertran para El Periódico.

La noche del pasado jueves, Javier Pérez Andújar -catalán de San Adrián de Besós, hijo de goreños-, tras aguantar un linchamiento desmedido -como cualquier linchamiento que se precie- por parte de un amplio sector del nacionalismo catalán, pudo leer su pregón de las fiestas de la Merced. No es de extrañar que comenzase su intervención con estas palabras: “Bona tarda, bonsoir, buenas tardes y felices fiestas de la Mercè a todas las autoridades, a toda la gente sin autoridad y a todos los desautorizados en general”.
La raíz de la controversia generada por su designación como pregonero no hay que buscarla en su preparación ni en sus méritos; la raíz de esa iracunda y desproporcionada respuesta habría que buscarla en que Pérez Andújar, que nunca se ha posicionado como unionista, no forma parte del habitual catálogo de ideólogos del independentismo, en su irónica pluma y, además -para qué callarme-, en sus orígenes. Así se refiere a los mismos en una antigua entrevista: “Pero no soy de izquierdas por ideología. Lo soy de una forma más primaria. Mi abuelo era un campesino de Gor (un pueblo de Granada) que defendió la República. Mi padre, un trabajador industrial que militó clandestinamente en el sindicalismo barcelonés. Y yo soy de izquierdas porque me lo ha mandado mi madre”. No me negarán que, cuando su abuelo nació, debía ser lo suficientemente pequeño como para que ese hecho no tenga tanta importancia hoy en día ni suponga un lastre social para sus herederos.
Pero vayamos a lo verdaderamente importante. El pregón de Pérez Andújar supone una sucesión inteligente y emocionada de agradecimientos a quienes edificaron la Cultura en la ciudad de Barcelona y a quienes, con su esfuerzo, con su trabajo, con su vida incluso, edificaron la ciudad misma. Porque, como leyó Javier acertadamente, “La cultura popular (…) nacía de la explotación del trabajo y de la felicidad de la lectura. Como toda la cultura popular”.
No se lo pierdan porque, desde hace unos días, Barcelona es un poco más de todos los barceloneses. De los que lo son y de los que lo fuimos.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Parte médico

Extracto de un parte médico.

A tan sólo un golpe de clic, encontramos la dirección rae.es. Bajo ese apelativo tan contemporáneo, se esconde una de las herramientas más tradicionales: el Diccionario de la Real Academia. Allí, si buscamos por la “d”, nos daremos de bruces con el verbo “deambular”, tal vez el intransitivo más adecuado para explicar estos paradójicos tiempos de deriva. Leamos la definición:
1. intr. Andar, caminar sin dirección determinada”.
El hecho de que ya casi nadie camine con un rumbo fijo hace que la jerga de determinadas profesiones deba actualizarse para adaptar todas sus inexactitudes al rigor que esta imprecisa actualidad requiere. Por eso, en cualquier parte médico -por poner un ejemplo- es posible que se prescriban tratamientos de esta calaña: “deambular con muletas”. Y, para colmo, cojeando.

jueves, 16 de junio de 2016

Creando ciudades

Apocalipsis. Martínez Clares, 2010.

Nunca se termina de hacer una ciudad. Apenas se concluye por el norte, ya hay que empezarla nuevamente por el sur. Sus calles, que primero se asfaltaron, después se adoquinan; sus edificios son derribados o remozados para especular con sus despojos o para adecuarse a las nuevas necesidades que la sociedad, en su devenir, va generando; los barrios periféricos se adecentan tan sólo para limar algunas de sus asperezas; sus recorridos más cotidianos se marcan con fugaces líneas amarillas, líneas que nos conducen cada día, sin aspavientos, a la desmoralización del tráfico detenido; y a veces, incluso, se levantan andamios sobre nuestras cabezas para que los peatones podamos seguir transitando bajo ellos camino de nuestro trabajo o de la oficina del paro.
Nunca se termina de hacer una ciudad porque se trata de un organismo vivo que se desarrolla alimentándose de sí mismo, como un producto eternamente inacabado que crece y decrece siguiendo las pautas que le va marcando el aburrimiento de sus pobladores.

lunes, 6 de junio de 2016

Las edades a su paso

Pinchos. Martínez Clares, 2011.

Piensa que, si lo mejor de salir es regresar a casa, puede que te estés haciendo viejo.


martes, 17 de mayo de 2016

Veinte años bajo Cero

091 en concierto. Imagen de JM Grimaldi. Sitio web de la imagen.
Banksy sospecha que hay paredes que nunca han sabido guardar un secreto: “Vuelven Los Cero”, nos gritan desde hace meses las de Granada. Era previsible la euforia colectiva, porque no hay silencio que pueda acumularse durante veinte años en las gargantas. Tal vez por eso, antes de entrar a la plaza de toros, Fran ya nos avisaba con la resignación de un don Tancredo crepuscular: “Hoy, Los Cero nos van a hacer pedazos”. ¿Cómo vencer el frío de tanto tiempo? Han sido veinte años bajo Cero, veinte años esperando que algún fuego nos convirtiese en humo y, al fin, en unos pocos minutos, cinco tipos de Granada iban a prender la maldita llama.

martes, 10 de mayo de 2016

La abuela Europa

De pie, a la izquierda, Eduardo Pretel.  A la derecha de la imagen, sentada, su esposa Eufrasia Guzmán. En primer plano, están tres de sus hijas. De izquierda a derecha: África, América y Europa. El resto de personas que aparecen son trabajadores de su taller de tricotosa, situado en la calle Real de Gor. Es imposible determinar el año exacto, pero se trata de la primera década del siglo XX.

Cada vez que hago el recuento, confirmo que somos muy pocos los nietos de Europa: me bastan los dedos de una mano. Aunque esta particularidad no nos circunscribe a un espacio geográfico concreto, si podríamos decir que delimita el territorio familiar que habitamos desde la niñez: el territorio inexpugnable de la memoria.
El bisabuelo Eduardo debió pensar que no existe frontera que no merezca ser profanada cuando dio rienda suelta a sus ideas más vanguardistas, lo que, en aquella Granada rural de entresiglos, no podía acarrear más que incomprensión y algún que otro problema. Contado así, puede parecer una broma, pero a mi abuela la llamó Europa y, a sus hermanas, África y América. Desconozco si por aquel entonces Oceanía era ya un continente digno de ser tenido en consideración o si él sentía algún tipo de animadversión por Asia, pero a su cuarta hija la inscribió como Eufrasia para enfatizar, tal vez, la trascendencia que la tierra del Éufrates tuvo en la evolución de nuestra especie. Con los varones no voy a extenderme, aunque me consta que tampoco escaparon a sus devociones científicas, pues otro de sus hijos se llamó Arquímedes.
No recuerdo en qué escena de Ninotchka (Ernst Lubitsch, 1939) se afirma que nadie puede ser tan feliz sin ser castigado por ello. Eduardo no era ningún cándido y sabía, de antemano, que los nombres elegidos para sus hijas no agradarían a aquella Iglesia decimonónica, por lo que decidió bautizarlas con otros extraídos cristianamente del santoral. Pero se aseguró de que nadie pudiese arrebatarles sus verdaderas identidades inscribiéndolas como tales en el registro civil y en la memoria de sus coetáneos. Hasta tal punto lo consiguió, que ni yo mismo sabría decirles cuáles fueron esos otros nombres bendecidos por el cura en la pila bautismal.


Europa y Eufrasia en su tienda de ultramarinos. Década de los setenta.

Convengamos que el pensamiento avanzado del bisabuelo Eduardo y su veneración por la Cultura y el Humanismo no podían acarrear más que problemas, pero nadie se hubiese atrevido a vaticinar entonces que éstos alargarían sus tentáculos hasta un siglo después. Y es que sus audaces ocurrencias tuvieron mucho que ver en mi primer desencuentro con la Autoridad. No tendría yo más de catorce o quince años cuando una pareja de la Guardia Civil de Guadix, que esa noche hacía la ronda en mi pueblo, me pidió la documentación al verme deambulando con una litrona caliente. Como me fue imposible identificarme (seguramente no tendría aún ni el DNI), me preguntaron por mi familia. Pude haberles dicho que mi padre, Pepe Luis, regentaba un ultramarinos en la calle Ancha; que mi abuelo, Antonio Clares, era el guarda forestal; o, simplemente, que mi casa estaba un par de manzanas más arriba. Pero preferí, quizás impulsado por la desfachatez que nos concede la dosis exacta de cerveza, regresar al territorio inexpugnable de mi memoria y responderles como creo que le hubiese gustado al bisabuelo Eduardo, decidí profanar una frontera con la esperanza de que él también la hubiese profanado un siglo atrás, aún sabiendo que mis palabras no provocarían más que su hilaridad o su cólera, que pensarían, con total probabilidad, que un niñato estaba intentando mofarse de ellos: soy nieto de Europa.

miércoles, 4 de mayo de 2016

lunes, 4 de abril de 2016

Tena

Manolo Tena. Sitio web de la imagen: La Fonoteca.
No voy a negarle que ha marcado estilo, porque tengo el Frío metido en los huesos desde el año ochenta y cuatro, cuando tan sólo era un crío sobrecogido por aquellos versos contradictorios de los Alarma. Después, con el paso de los años, no me gustó tanto en ninguna de sus enigmáticas resurrecciones, aunque sé de tipos que todavía devoran el Sangre española (Epic Records, 1992) casi a diario.
Seguro que han existido muchos Tenas, pero yo prefiero recordarlo como el conductor suicida del blues de Sabina, como el tipo elegante que siempre supo hacer turismo al borde de este abismo, ese extraño en el Paraíso que hoy nos deja.



jueves, 3 de marzo de 2016

Qué poco importa la poesía

Escaparates. Martínez Clares, 2014.

Escribe Antonio Orihuela en El amor en los tiempos del despido libre (Amargord, 2014):

(…) qué poco importa la poesía a la gente,
y yo que le he dedicado mi vida (…)

Es cierto, Antonio. A la gente lo que nos interesa de verdad es derrochar, en los centros comerciales, todo lo que ya no es nuestro: el dinero: el tiempo: la libertad.