Como la mayoría de ustedes, ya he
visto Cuerdas. Quiero decir que ya he
visto de forma gratuita este magnífico trabajo del que se supone que deberían
vivir sus creadores. Alguien, seguramente cargado de buena voluntad, lo colgó
en Youtube y, ahora, se ha convertido en la sensación del año. Silba nuestro
telefonito y ya está aquí Cuerdas,
complaciente, dispuesta para ser vista, entre lágrimas, por toda la familia.
Sabemos, además, que detrás de Cuerdas se esconde una historia tan
emocionante como la de ficción, pero esta historia nos conmueve menos, porque
la realidad se mueve como un elefante en una chatarrería y a nosotros hace
mucho que nos incomoda el ruido.
La publicación de Cuerdas perjudica a la cinta con vistas
a su selección para próximos festivales y certámenes, pero sobretodo perjudica
a sus creadores, a talentos como Pedro Solís García y a todos aquellos que
alguna vez aspiraron a vivir de algo tan digno como hacer que la gente se
emocione.
Pie de foto: Cartel de
Cuerdas.
PD: Si en este momento tienen la
misma mala conciencia que tengo yo, vayan al cine (si alguno de estos cines
monstruosos que tenemos actualmente nos lo permite) y paguen por volver a ver Cuerdas.
