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jueves, 29 de junio de 2017

Las flores suicidas


En una época de universal engaño, decir la verdad constituye un acto revolucionario.
George Orwell.


En Ficciones, un conjunto de relatos publicado en 1944, se encuentra uno de los cuentos más célebres del universo borgiano: Pierre Menard, autor del Quijote. A diferencia de Menard que escribe solamente un par de capítulos sin tener conciencia de que está copiando literalmente el original, Juan Herrezuelo (Palencia, 1966) nos regala, gracias al cuento que da título a su último libro, Las flores suicidas (Talentura, 2017), un Quijote inédito, pues su Alonso Quijano, felizmente reencarnado en la piel de Isidro Agay, parece ser, al contrario que su predecesor manchego, el único hombre cuerdo en medio de una marabunta de locos, el único consciente de la vocación suicida que empuja a nuestra sociedad hacia la autodestrucción.


martes, 19 de mayo de 2015

El coraje, todavía

Poeta del instante, / se han parado las horas”.
Pilar Quirosa - Cheyrouze

Los partos son un capricho de la biografía: que uno nazca, por poner el caso, en el Tetuán del medio siglo; que tu nombre descanse en un Pilar; que algunos de tus apellidos se peinen a lo garçon; o que tengas que llegar hasta un rincón de un país arrinconado para dar forma a las sombras con la luz de la palabra, es buena prueba de ello. Desde el primer instante, el porvenir se rinde al azar y sólo un cúmulo de casualidades pudo conseguir que Pilar Quirosa - Cheyrouze (Tetuán, 1956) sea una poeta de Almería,  pues, aunque llegase aquí después de un cierto periplo vital, ha sido en esta tierra de luz meticulosa donde ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria poética. Y esta tierra, que es una madre severa moderada por la luz tierna de la historia, una pasión extrema en la que el sol asfixiante invita a desprenderse de todo lastre, se ha convertido en el escenario natural que determina el lirismo, la cadencia y el aroma de sus versos. Pilar que nos escribe “Y, sin descanso, costea mi frente el mar”. Ese mar antiguo, el rito inextinguible del agua, los tiempos ancestrales; el Mediterráneo empapando cada uno de sus recuerdos, fluyendo en la intensidad de los azules, llegando a nosotros a través del oleaje de la memoria; y el presente que nos parece un baño de sal en la bajamar de cada día.

Pie de foto: Pilar Quirosa-Cheyrouze. Martínez Clares, 2014.

Pilar Quirosa en La Galla Ciencia.

jueves, 18 de marzo de 2010

Vías muertas

El ferrocarril en la provincia de Granada -especialmente en el Altiplano y su línea de unión con el Levante- fue una promesa para el desarrollo económico que nunca llegó y una vía de escape para quiénes ansiaban evadirse de un mundo anclado en el pasado. Por aquellas vías viajaron los trenes vetustos de la infancia de nuestros padres, los mismos que, como sus quebrantados sueños de progreso, aún surcan con inusitado estruendo las escombreras de una memoria que se hunde fugitivamente en el olvido.
Esta serie fotográfica supone un acicate para esos recuerdos crepusculares que muchos aún conservan del tren.
En la primera de las imágenes, aparece el Puente Chico de Gor, sustituto prematuro de otro mayor diseñado por los discípulos de Eiffel y que desapareció por una inadecuada cimentación.
En la segunda instantánea, podemos ver el puente del Hacho, obra de los mismos ingenieros. Situado entre los municipios de Alamedilla y Guadahortuna, después de agonizar durante decenios, parece haber superado el terrible trance de la negligencia administrativa.
A pocos metros del puente del Hacho, nos encontramos con la estación de ferrocarril de Guadahortuna -en los manuales ferroviarios aparece como “apartadero Guadahortuna–Alamedilla”-. Dicha estación, o lo que queda de ella, es un ejemplo del abandono en que han quedado numerosas estaciones en toda la zona. Estos espacios arquitectónicos destinados al tránsito de viajeros, protagonistas del fluir de la vida en su perpetuo devenir, han sido repoblados por una soledad incansable que se abraza al futuro como una eterna colonizadora de la esperanza.