Son nuestros ojos los que se
quedan atrapados en la mirada de otra persona que también nos mira, o los que
comen, temen, desean o conjeturan. Por
eso, el nacimiento de la fotografía supuso la irrupción de un nuevo lenguaje
narrativo que rápidamente se puso al servicio de los observadores más voraces.
Aquellos primeros daguerrotipos
despertaron la admiración o el estupor en los hombres de su tiempo, pero
también avivaron el recelo de numerosos escritores que no consideraron que la
fotografía tuviese el alcance creativo de otras artes. No obstante, algunos
poetas, hastiados de tanto olvido, le concedieron, al menos, la capacidad de ser
un arma noble que lucha contra el paso del tiempo rescatando aquellas imágenes que
no encontraron acomodo en la memoria. Y, paradójicamente, no fueron pocos los
que acabaron escribiendo con la luz, porque eso y no otra cosa es lo que
significa literalmente el término fotografía.
¿Qué une a poetas y fotógrafos? ¿De
dónde surge esa necesidad de caminar absortos por la cotidianidad para después
ponerla ante los ojos de aquellos que no miran con tanta vocación? ¿Cuáles son
los oscuros componentes de la imaginación que impulsan al hombre a dictar cada
capítulo de la comedia humana, a retratar sin disimulo sus escenas sucesivas, a
encumbrar a sus héroes y desertores?
Giuseppe Satriani quizás no tenga
todas las respuestas, pero ha imaginado un proyecto y lo ha llamado “
Emotionage, la escritura de la luz”. El
objetivo de su iniciativa es fusionar Poesía y Fotografía plasmando en una
imagen las sensaciones que nos transmiten los versos de un poema. Versos que ya
de por sí alguna vez cabalgaron colmados de imágenes, fotografías que confiaron,
desde el primer momento, su dramatismo a la metáfora sutil de las palabras.
Por todo ello, les invito a que pasen
y lean.
Pie de foto: Fotografía de Portada del proyecto. Giuseppe Satriani, 2014.