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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Virguerías (y II)

Sevilla, 16 de mayo de 2012 
La veo alejarse distraídamente, igual que lo haría alguien que hubiese dejado parte de su atención atrapada en una labor sobrehumana. Acaba de detallarnos la intervención con palabras muy sencillas, como si le hablase a unos niños que no la van a entender. 
Estaba en lo cierto, porque apenas se ha ido y ya soy incapaz de recordar los músculos implicados, las ramificaciones dañadas, los cortocircuitos -así los ha llamado haciendo un guiño a la Ciencia Ficción- que han sido necesarios. 
Su silueta se pierde definitivamente por los pasadizos del hospital, pero se queda en mi memoria como la de una mujer de apariencia sencilla, titánica, como titánicas han sido tantas y tantas mujeres de apariencia sencilla. Y, entonces, la imagino viviendo hace quinientos años, en un mundo edificado sobre honores y deshonores, la imagino cosiendo un virgo meticulosamente, devolviéndolo a la vida. Pero no me cuadra del todo. 
Intuyo que, si la doctora Pradilla hubiese vivido hace tantos siglos, no habría sido virguera. Sus artes serían las de alguna hilandera de un cuadro de Velázquez, porque lo suyo no son los remiendos; sus virguerías son auténticos primores. 
Pie de foto: REM (II). Martínez Clares, 2012.

martes, 20 de noviembre de 2012

Virguerías (I)

Granada, 17 de noviembre de 2012 
Toda honra que se precie debe tener sus remiendos. Hace cinco siglos, se tomaban esta afirmación de manera literal y para ello recurrían a las virgueras. Ellas eran las encargadas de devolver su gracia a las doncellas restaurando sus virgos y era tal la dificultad de su arte que, desde entonces, cualquier labor que se haga con gran habilidad y perfección recibe el nombre de virguería. 
En Occidente, ya no quedan virgueras pero sí disponemos de personas capaces de hacer alguna virguería. La mayor de ellas podría consistir en regalar la vida a algo que no la tiene. 
Veamos: imaginen, por ejemplo, un brazo de trapo; llamémosle, por denominarlo de una forma más científica, Parálisis Braquial Obstétrica; aceptemos que es ésta una rara consecuencia del parto, una brumosa lotería que siempre acaba por tocarle a alguien; busquemos a una persona que esté capacitada para resolver este despropósito, si es que tuviera solución; y, por último, en caso de haber tenido la fortuna de dar con la doctora Pilar Pradilla Gordillo, contémosle que este brazo no abraza, que está obligado a dejarse querer. 
Pie de foto: REM. Martínez Clares, 2011.