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| Figueredo enamorado. Martínez Clares, 2016. |
Es obvio que Figueredo la quiere.
Y también es obvio que Figueredo sabe desdramatizar su amor como lo harían los
mejores poetas: aportando a su declaración la dosis precisa de ironía. Hasta
aquí, todo perfecto. Pero Figueredo ha olvidado la coma. La maldita comita. Y
ustedes pensarán que soy un intransigente por fijarme en esas nimiedades, pero
sepan que, sin la coma, lo que era una bellísima declaración de amor se ha
convertido, de repente, en un mal deseo para su chavala, un deseo que la
conduce por la vía rápida del deterioro hacia la senectud. Pero a mí -para que
vean ustedes- esta pintada me emociona cada día desde hace un par de años,
porque, pese a todo, ambas expresiones -la real y la posible- son producto del
amor. Del amor y de la poesía de Figueredo. Claro.

