Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de diciembre de 2020

Biblioteca de Escritoras/es Andaluces

Con la creación de esta BIBLIOTECA, la Asociación Colegial de Escritores de España (Sección Autónoma de Andalucía) pretende acercar al público en general y muy especialmente a los docentes, alumnos de Secundaria, Bachillerato y Universidad, y por extensión a todas las bibliotecas públicas, una extensa nómina de escritores andaluces, ceutíes, melillenses y del Magreb que –como se ha especificado– utilizan el español como lengua vehicular de expresión literaria.

jueves, 16 de enero de 2020

Regresos a Argónida

Como quien regresa a los parajes mitológicos de Argónida, he regresado de nuevo a "Páginas señaladas" (Círculo Rojo, 2017), el último libro publicado por Florentino Javier Ramírez Villalba, poeta que llegó a Almería hace milenios con una libreta cargada de versos bajo el brazo. Tal vez no lo conozcan porque Javier es uno de esos pocos imprescindibles que nunca ha ambicionado hacer demasiado ruido. Lo suyo es, simplemente, la poesía. Por eso, siempre tengo a mano alguno de sus libros y él -que lo sabe- me dedica de vez en cuando un poema. Este que nos ocupa parece que tuvo su origen en algún desencuentro literario, pero yo recojo una vez más su guante de tinta porque no concibo nada más emocionante que estar en las páginas de un libro que no has escrito tú mismo. Gracias.

viernes, 13 de diciembre de 2019

XLV edición del Premio de Poesía ‘Rafael Morales’ 2019


Miembros del jurado del Premio de Poesía ‘Rafael Morales’ 2019

Talavera de la Reina, 30 de noviembre de 2019.- En la tarde de este sábado se ha dado a conocer el fallo del jurado de los premios de historia y poesía que organiza cada año el Organismo Autónomo Local de Cultura. El concejal de Promoción Cultural, Carlos Gil, ha ejercido como presidente del OAL de Cultura y responsable del jurado.

En la XLV edición del Premio de Poesía ‘Rafael Morales’ 2019 el jurado ha otorgado el premio, entre 127 obras presentadas, al almeriense José Luis Martínez Clares con el título ‘Música de carreteras’. El premio consiste en 9.000 euros en metálico y la publicación de la obra en la Colección de Poesía ‘Melibea’.

Entre los miembros del jurado de los diferentes premios, han participado: los historiadores Ángel Ballesteros, Francisco Peñalver o Jaime Olmedo, el alcalde Juan Antonio Morcillo, Abraham Madroñal, Rafael Morales Barba, Antonio San Miguel, Ángel del Valle, Joaquín Benito de Lucas, Ángel García, Antonio Hernández y Pedro Tenorio.

miércoles, 16 de enero de 2019

El instante de dilapidar un sentimiento

Leí este escrito en la clausura de la Feria del libro de Almería de 2017, durante el homenaje que algunos amigos tuvimos la ocasión de brindar a Pilar Quirosa-Cheyrouze. Hoy, al releerlo, echándola en falta desde hace unas horas, he decidido llevarle la contraria a Joan Manuel Serrat. Me refiero a que Serrat, en su última gira, ha cambiado los tiempos verbales de algunas de sus canciones. Las ha llevado desde el presente hasta el pasado. Eso ha hecho. Argumenta Serrat que se trata de canciones que hablan de personas que ya no están. No estoy de acuerdo con él. Tampoco estoy en lo cierto. Simplemente, creo que uno de los dos nos hemos equivocado. Yo no pienso cambiar la voz del verbo en este escrito. No pienso hacerlo porque Pilar sigue aquí. Sigue aquí jugueteando con las palabras que leo. Las palabras que ahora vas a leer tú. Sigue aquí, aunque no lo hayan querido los astros.

Foto de Emilia Recio.


Buenas noches. Es un placer estar aquí, con todos vosotros, en este acto de la Feria del libro de Almería. Un placer que le debo a una nueva llamada de Pilar, una más de las innumerables muestras de confianza y afecto que siempre he recibido de ella, de esta poeta almeriense que todavía se pregunta en su último libro, Memorial shadow, cuánto queda de aquella niña que se asustaba de las monjas en un colegio de Tetuán. Desde allí, desde ese lejano continente que tenemos a la vuelta de la esquina, llegó a esta tierra de luz meticulosa, y es aquí donde Pilar se estableció para desarrollar la mayor parte de su trayectoria poética. No es un capricho de este poeta caprichoso el situar a Pilar, en primer lugar, en un espacio geográfico concreto, porque me atrevo a afirmar que la obra de Pilar Quirosa Cheyrouze sería completamente diferente si el destino no le hubiese reservado un encuentro con Almería. El contexto determina la obra de cualquier creador y esta tierra se ha convertido en un escenario natural sin el que no se entenderían el lirismo, la cadencia y el aroma de los versos de Pilar. A nuestra poeta, por esta confluencia irrenunciable de espacio vital y espacio poético, se le acumulan versos de esta calaña:

Y, sin descanso, costea mi frente el mar.

Ese Mediterráneo antiguo, con su rito incansable del agua, que empapa nuestros mejores recuerdos, que fluye en la intensidad de los días azules, llegando a nosotros a través del oleaje de la memoria. Un mar que refresca este presente a veces ingrato, tan rutinario, acostumbrados, como estamos, a bañarnos en la bajamar de cada día. Porque la poética de Pilar zarpa desde las desavenencias con la rutina, como un barco de versos que, para encontrar la perspectiva adecuada, tuviese que surcar, a diario, las aguas de nuestra bahía; un barco pilotado por una mujer que es capaz de edificar un mundo nuevo a partir de los restos del naufragio; un barco cargado de futuro pero capaz de transportar las mercancías del pasado; un barco que avanza sobre el mar deformando el reflejo caprichoso de los astros, de ese cosmos que tanto fascina a Pilar; un barco cuyo rumbo se pierde en el devenir borroso de la línea del horizonte, del mismo modo que se van perdiendo lentamente las siluetas de todos cuerpos celestes al amanecer. Y, desde la cofa, Pilar anota versos en su libro de presas, versos que son, ante todo, un brindis a la luna, versos que nos guían entre las lecturas recurrentes, las músicas compartidas, los nombres de las hijas que no tuvimos, los territorios amados del pasado, los lugares que no habremos de volver a pisar aunque sigamos codiciándolos entre preguntas, rabia y nostalgia. Es la suya una poética de momentos inolvidables, de palabras atrapadas por la tela de araña del recuerdo, de preguntas retóricas para las que no hallaremos respuesta ni falta que nos hace, porque nadie necesita saber por qué es tan triste la memoria de los recuerdos felices aunque se lo pregunte a diario.

Marinera en un barco hacia la nada. Pero también maestra. Maestra de poetas -amiga, Pilar-, maestra de compañeros en esta locura de la palabra, porque eres el más claro ejemplo de que los verdaderos poetas no conocen el divismo. Me refiero a esos poetas que sin pretenderlo nos orientan y enriquecen al resto, los poetas que dan ejemplo porque saben perfectamente que ser un espejo para los demás no es la mejor manera de influirles sino más bien la única.

Hay, además, por último, algo que me encandila de la escritura de Pilar: Pilar escribe con la rebeldía de quien no acata el destino, tal vez porque está harta de que el tiempo se lo lleve todo. Hasta tal punto que, en su último libro, ha querido regalar la actualidad a sus instantes más preciosos, esos instantes que pelean por no desprenderse de su memoria, y lo ha hecho puliendo su estilo y su escritura, llegando a la conclusión de que, si los verbos son acciones en el tiempo, su ausencia, por tanto, concedería a la narración la plena atemporalidad, la vigencia más absoluta: matar el verbo para detener el tiempo. Cuánta lucidez, amiga. Por eso, por todos estos recursos de poeta rebelde que Pilar maneja con soltura -aunque Luis Antonio de Villena afirme que tu poesía se nutre del dolor-, leyéndote uno acaba convencido de que la Poesía puede vencer a la enfermedad, al desamor y a la muerte, de que tus palabras conservan el poder suficiente como para hacer que los versos, aunque sean oscuros en ocasiones, no nos oscurezcan el pensamiento ni el porvenir. No hay peligro con Pilar. Uno cierra sus libros con una sonrisa, porque se percibe mucha claridad entre sus sombras. Tus poemas constituyen el perfecto “habitáculo de los instantes que regresan”. Leyéndolos, uno descubre que Pilar tiene la virtud de decir las cosas con la sinceridad que otros ya vamos perdiendo y, por su boca eternamente joven, nos preguntamos:

Cómo escribir un poema
esperando el regreso de la luz,
la única estancia habitada.


Amiga Pilar, ya se acaba el mes de abril, ese mes que todos quisiéramos robar para guardarlo en casa, a nuestro lado, entre nuestras cosas más preciadas y nuestras preocupaciones más inoportunas, y yo imagino que tú lo despedirás desde tu torre vigía, esa habitación iluminada por el retorno perecedero de los recuerdos, donde aguardas “el sol de la medianoche” para atraparlo en una hoja en blanco, la hoja donde quedarán por siempre tu espera, tu memoria y tu palabra. Gracias a estas tres cosas que pueden parecer insignificantes, a estas guaridas inexpugnables del poeta, siempre te anticiparás a todos los naufragios que habrán de llegar, porque no en vano viajas en un barco que surca la bahía dejando una estela de versos tan infalibles como éste:

Ésta es la hora
así lo han querido los astros,
el instante de dilapidar un sentimiento.

jueves, 9 de agosto de 2018

Antología de poesía iberoamericana actual


Tengo el gustazo de participar en esta completa antología de poesía coordinada por Francisco Alfonso Berlanga Reyes y José Antonio Santano Serrano. Todos los integrantes de la misma hemos nacido entre 1970 y 1985. Está compuesta por una nómina de 55 autores de diferentes países. Y añade ExLibric: "El lector constatará que se incluye la más rica variedad temática, técnica y estilística, como corresponde a una nómina de poetas tan considerable y de procedencia tan diferente".

jueves, 19 de abril de 2018

Doctorado en vientos



Doctorado en vientos (Letra Impar, 2018), cuarto poemario de José Luis Martínez Clares, supone un justificado y merecido homenaje a la figura de Javier Egea y a su genial Troppo mare, que se gestó durante una estancia del granadino en La Isleta del Moro. Espléndidamente ilustrado por la Agrupación de Acuarelistas de Andalucía, Doctorado en vientos está prologado por la poeta asturiana Laura Fjäder y cuenta con una introducción del escritor Manuel Cruz.

Doctorado en vientos es el arma frente al exceso y la grandilocuencia de un autor que desafía el encorsetamiento teórico. José Luis Martínez Clares forcejea con sus contradicciones en márgenes peligrosos mientras bebe del recuerdo para Javier Egea. Sus constantes emocionales y el trayecto vital se vinculan rechazando el discurso pretencioso y totalizador que castra la poética de tantos, para encontrarse en la quietud y el movimiento de los espacios de tránsito, en las islas comunes donde dolerse, en mares distintos y laberintos plagados de referencias que sería egoísta desvelar aquí”.
Laura Fjäder, del Prólogo del libro.

“Humanismo militante que se niega a rendir sus banderas de dignidad y justicia ante la violenta mansedumbre del ciego egoísmo de supervivencia hacia el que nos empuja el orden ideológico dominante: engolado en sus declaraciones y propuestas, humanista en el marketing, pero cruel y despiadado con los excluidos, los vencidos definitivamente en esta guerra invisible y traidora, sin nombres y sin fronteras”.
Manuel Cruz, de la Introducción del libro.


martes, 9 de enero de 2018

Hagamos un roto a la Poesía


A la Poesía le pasa un poco como a la viñeta de El Roto: si un poeta le escribiese a la nieve, debería escribirle también a la gente que pasa la noche en la AP-6, a la página de sucesos del frío, al hielo y al deshielo, a los pueblos incomunicados donde se subsiste sin apenas suministros, a los cortes de luz, a los ancianos varados tras una ventana, a los niños sin colegio, a la porquería que siempre sobrevive a cualquier postal. De no hacerlo así, no le estaría escribiendo a la nieve; le estaría escribiendo al azúcar.
Creo que es necesario hacerle un roto a la Poesía, privarla de su dulzura, porque los versos almibarados sólo sirven para confundir a los demás.

jueves, 23 de noviembre de 2017

El alma dormida


Os lo aseguro: no es fácil escribirle a un poeta, aunque este sea eléctrico. No es fácil escribirle a alguien que entrega su vida a la travesía del desierto. Sé de lo que hablo porque en mi primer libro le dediqué un poema a José Ignacio Lapido, una conjunción de versos que resultó -ahora lo veo- en exceso pretenciosa. Desde entonces, decidí no volver a tentar a la suerte y dediqué mis esfuerzos poéticos a cuestiones más mundanas. Súbitamente, apostaté de mis precarios principios, dejé de codiciar la comunión “en el agnóstico recreo / de los dioses” y comencé la búsqueda de una voz propia, una voz que se pareciera un poco más a mí. Una vez más, el apellido Lapido se cruzaba en mi camino justo en el momento necesario: quién podría negarle al maestro el don de la oportunidad.

lunes, 2 de octubre de 2017

Curso de escritura automática

Curso de escritura automática. Emilio Calvo de Mora. Detorres Editores. Córdoba, 2017.

“Las horas iban persiguiéndose sin tregua / y el mejor juego era el que no acababa nunca”. Qué enorme placer supone la lectura de un poemario cuando te deja la impresión de que has estado de cervezas con su autor, acodados ambos en la última barra abierta de la noche, cómplices todavía en esta quimera paradójica del verbo, empapados, a ratos, por “esa exquisita tristeza / que los años acaban / convirtiendo en estilo”. Imagínalo, amigo Emilio: el barman nos propone un Jack Daniel´s antes de echar el cierre y, mientras llena nuestras copas, convenimos que, si nos dejasen, seguiríamos aquí aferrados al precipicio de la lectura hasta que nos abordase el mismísimo “Kafka con su libro de capitulaciones”

viernes, 30 de junio de 2017

Felices vacaciones

Treinta de junio: se acaba el curso. Pero este año, además, se cierra una etapa. Sí. Ya lo sé. Es sólo un trabajo. Pero el trabajo son muchas horas al día. Un día tras otro. Y así durante doce años.
Gracias a todos los que habéis estado aquí siempre. Os llevo conmigo. En un libro futuro...

jueves, 29 de junio de 2017

Las flores suicidas


En una época de universal engaño, decir la verdad constituye un acto revolucionario.
George Orwell.


En Ficciones, un conjunto de relatos publicado en 1944, se encuentra uno de los cuentos más célebres del universo borgiano: Pierre Menard, autor del Quijote. A diferencia de Menard que escribe solamente un par de capítulos sin tener conciencia de que está copiando literalmente el original, Juan Herrezuelo (Palencia, 1966) nos regala, gracias al cuento que da título a su último libro, Las flores suicidas (Talentura, 2017), un Quijote inédito, pues su Alonso Quijano, felizmente reencarnado en la piel de Isidro Agay, parece ser, al contrario que su predecesor manchego, el único hombre cuerdo en medio de una marabunta de locos, el único consciente de la vocación suicida que empuja a nuestra sociedad hacia la autodestrucción.


lunes, 26 de junio de 2017

Pira de versos


Con motivo de la exposición "Historias del agua" (Castillo de Santa Ana de Roquetas, 2008), Virginia Vico le hizo esto a uno de mis poemas. Fue una serie de tres fotografías que recojo con torpeza en este montaje. Comprenderéis que, desde entonces, haya procurado que no se acerque a ninguno de mis versos hasta estar debidamente publicados.

miércoles, 7 de junio de 2017

Sinfonía del abismo

Hay reseñas que constituyen un poema por sí solas. "Lo que mirarán tus ojos" en Foco Sur, bajo la batuta de Pilar Quirosa Cheyrouze. No tengo palabras para agradecérselo lo suficiente.

viernes, 26 de mayo de 2017

XXIII Velorio Poético de Almería


Organizado por el colectivo Poetas del Sur, se celebró la noche del pasado miércoles el XXIII Velorio Poético de Almería. El acto, que estrenaba nuevo emplazamiento -el restaurante Dos Culturas- fue presentado por María Ángeles Lonardi, Diego Alonso Cánovas, Alonso de Molina, Rocío Andrés Granados y Perfecto Herrera Ramos, y, durante el mismo, se homenajeó a Juan Ramón Jiménez a través de la voz de la actriz Gloria Blanco. Después, fuimos leyendo nuestros poemas Alfonso Berlanga Reyes, Javier Anisa Prior, Pepe Jesús Sánchez Marín, Gloria Langle Molina, Rocío Andrés Granados, Berta Maldonado y yo mismo. La velada estuvo amenizada por la música de Sensi Falán -siempre sublime- y hubo -cómo no- varios reporteros gráficos a los que agradecerles su presencia y su trabajo desinteresado: Antonio Almécija, Pepe Criado y Alberto Herrera. Agradezco a Poetas del Sur su invitación y el trato recibido. Fue, sin duda, una noche para el recuerdo. Para mi recuerdo.

jueves, 11 de mayo de 2017

La mañana tiene nombre de obligaciones

“Páginas señaladas”, el nuevo libro de Javier Ramírez Villalba (Editorial Círculo Rojo, 2017).

Tengo un capricho de escritor: para hablar de este libro voy a empezar hablando de otro libro diferente. Escribe Javier Pérez Andújar, en su novela “Los príncipes valientes”, que existen dos tipos de escritores: los de mar y los de río. Nos explica el de San Adrián de Besós, que los escritores de mar son más narradores y que los de río son más poetas. Javier Ramírez Villaba, que nació en Arroyo del Ojanco, provincia de Jaén, lleva toda su vida viviendo frente al mar. Todo indica que, en su caso, esta trayectoria vital, estas aguas dulces y saladas, constituyen una estupenda mezcolanza, un amasijo de inquietudes y talento que quizás hayan influido sobremanera en el camino literario que se ha trazado Javier, en el afán narrativo del que hace gala su poética. Porque Javier Ramírez, después de tanto tiempo, sabe muy bien que es mejor huir de los poemas que no cuentan nada, poemas que fluyen por un río seco, huir de la poesía que nace sólo para ser poesía, pues la vida -como escribe en el poema que da nombre a este libro- es:

Un cuento clásico,
una comedia
ambulante pero hermosa
en la ciudad perdida de mis sueños.


viernes, 5 de mayo de 2017

El instante de dilapidar un sentimiento

Feria del libro de Almería: homenaje a la obra de  Pilar Quirosa Cheyrouze.


Buenas noches. Es un placer estar aquí, con todos vosotros, en este acto de la Feria del libro de Almería. Un placer que le debo a una nueva llamada de Pilar, una más de las innumerables muestras de confianza y afecto que siempre he recibido de ella, de esta poeta almeriense que todavía se pregunta en su último libro, Memorial shadow, cuánto queda de aquella niña que se asustaba de las monjas en un colegio de Tetuán. Desde allí, desde ese lejano continente que tenemos a la vuelta de la esquina, llegó a esta tierra de luz meticulosa, y es aquí donde Pilar se estableció para desarrollar la mayor parte de su trayectoria poética.


No es un capricho de este poeta caprichoso el situar a Pilar, en primer lugar, en un espacio geográfico concreto, porque me atrevo a afirmar que la obra de Pilar Quirosa Cheyrouze sería completamente diferente si el destino no le hubiese reservado un encuentro con Almería. El contexto determina la obra de cualquier creador y esta tierra se ha convertido en un escenario natural sin el que no se entenderían el lirismo, la cadencia y el aroma de los versos de Pilar. A nuestra poeta, por esta confluencia irrenunciable de espacio vital y espacio poético, se le acumulan versos de esta calaña:

Y, sin descanso, costea mi frente el mar.

Ese Mediterráneo antiguo, con su rito incansable del agua, que empapa nuestros mejores recuerdos, que fluye en la intensidad de los días azules, llegando a nosotros a través del oleaje de la memoria. Un mar que refresca este presente a veces ingrato, tan rutinario, acostumbrados, como estamos, a bañarnos en la bajamar de cada día.


Porque la poética de Pilar zarpa desde las desavenencias con la rutina, como un barco de versos que, para encontrar la perspectiva adecuada, tuviese que surcar, a diario, las aguas de nuestra bahía; un barco pilotado por una mujer que es capaz de edificar un mundo nuevo a partir de los restos del naufragio; un barco cargado de futuro pero capaz de transportar las mercancías del pasado; un barco que avanza sobre el mar deformando el reflejo caprichoso de los astros, de ese cosmos que tanto fascina a Pilar; un barco cuyo rumbo se pierde en el devenir borroso de la línea del horizonte, del mismo modo que se van perdiendo lentamente las siluetas de todos cuerpos celestes al amanecer.
Y, desde la cofa, Pilar anota versos en su libro de presas, versos que son, ante todo, un brindis a la luna, versos que nos guían entre las lecturas recurrentes, las músicas compartidas, los nombres de las hijas que no tuvimos, los territorios amados del pasado, los lugares que no habremos de volver a pisar aunque sigamos codiciándolos entre preguntas, rabia y nostalgia. Es la suya una poética de momentos inolvidables, de palabras atrapadas por la tela de araña del recuerdo, de preguntas retóricas para las que no hallaremos respuesta ni falta que nos hace, porque nadie necesita saber por qué es tan triste la memoria de los recuerdos felices aunque se lo pregunte a diario.


Marinera en un barco hacia la nada. Pero también maestra. Maestra de poetas -amiga, Pilar-, maestra de compañeros en esta locura de la palabra, porque eres el más claro ejemplo de que los verdaderos poetas no conocen el divismo. Me refiero a esos poetas que sin pretenderlo nos orientan y enriquecen al resto, los poetas que dan ejemplo porque saben perfectamente que ser un espejo para los demás no es la mejor manera de influirles sino más bien la única.

Hay, además, por último, algo que me encandila de la escritura de Pilar: Pilar escribe con la rebeldía de quien no acata el destino, tal vez porque está harta de que el tiempo se lo lleve todo. Hasta tal punto que, en su último libro, ha querido regalar la actualidad a sus instantes más preciosos, esos instantes que pelean por no desprenderse de su memoria, y lo ha hecho puliendo su estilo y su escritura, llegando a la conclusión de que, si los verbos son acciones en el tiempo, su ausencia, por tanto, concedería a la narración la plena atemporalidad, la vigencia más absoluta: matar el verbo para detener el tiempo. Cuánta lucidez, amiga. Por eso, por todos estos recursos de poeta rebelde que Pilar maneja con soltura -aunque Luis Antonio de Villena afirme que tu poesía se nutre del dolor-, leyéndote uno acaba convencido de que la Poesía puede vencer a la enfermedad, al desamor y a la muerte, de que tus palabras conservan el poder suficiente como para hacer que los versos, aunque sean oscuros en ocasiones, no nos oscurezcan el pensamiento ni el porvenir. No hay peligro con Pilar. Uno cierra sus libros con una sonrisa, porque se percibe mucha claridad entre sus sombras. Tus poemas constituyen el perfecto “habitáculo de los instantes que regresan”. Leyéndolos, uno descubre que Pilar tiene la virtud de decir las cosas con la sinceridad que otros ya vamos perdiendo y, por su boca eternamente joven, nos preguntamos:

Cómo escribir un poema
esperando el regreso de la luz,
la única estancia habitada”.


Amiga Pilar, ya se acaba el mes de abril, ese mes que todos quisiéramos robar para guardarlo en casa, a nuestro lado, entre nuestras cosas más preciadas y nuestras preocupaciones más inoportunas, y yo imagino que tú lo despedirás desde tu torre vigía, esa habitación iluminada por el retorno perecedero de los recuerdos, donde aguardas “el sol de la medianoche” para atraparlo en una hoja en blanco, la hoja donde quedarán por siempre tu espera, tu memoria y tu palabra. Gracias a estas tres cosas que pueden parecer insignificantes, a estas guaridas inexpugnables del poeta, siempre te anticiparás a todos los naufragios que habrán de llegar, porque no en vano viajas en un barco que surca la bahía dejando una estela de versos tan infalibles como éste:

Ésta es la hora
así lo han querido los astros,
el instante de dilapidar un sentimiento.

martes, 4 de abril de 2017

El diario del día antes

Compañero del alma. Texto de Juan Herrezuelo publicado en La Voz de Almería el pasado 30 de marzo de 2017.

El día 31 de marzo, robé un periódico. Además, lo hice delante de mi hija que, naturalmente, me pidió unas explicaciones que no acerté del todo a darle. Estaba manchado de aceite, un tanto decrépito, arrinconado entre tazas y vasos en la esquina de la barra. Se trataba de un ejemplar del día anterior y había muerto demasiado rápido, en tan sólo unas horas, como se mueren, a diario, todos los periódicos que dan con sus huesos en un bar. Y allí lo encontré. Allí, en portada, armado con su pipa, estaba Miguel Naveros y, en las páginas interiores, sus ojos de poeta me miraban sostenidos por las palabras de mi amigo Juan Herrezuelo. Pocas veces un robo estuvo más justificado, porque, como intenté explicarle a mi hija, en este caso el mayor delito hubiera sido el olvido.

lunes, 6 de marzo de 2017

Cine, poesía, amor

Con Juan Herrezuelo y José Luis Campos Duaso.
En la calle, daba rienda suelta a su anarquía una auténtica tempestad, pero dentro, en las mismas entrañas de Metáfora, el swing del jazz lo envolvía todo. Los que por allí pasaron -amigos y compañeros en el mundo de las letras, familia en definitiva-, pudieron escuchar a Juan Herrezuelo, a media luz, descubriendo los pasadizos que conducen del Cine a la Poesía y viceversa, mediante una intervención que difícilmente podré olvidar.
De la presentación de “Lo que mirarán tus ojos”, de aquella noche tormentosa de la Librería Metáfora, me llevo la certeza de cuánto amamos el Cine y la Poesía, juntos y también revueltos, como una conjunción anómala de imágenes sin rima y de versos en blanco y negro. Y todo ello porque, como bien dijo Herrezuelo citando sin tapujos a José Luis Garci, el cine es el amor a veinticuatro fotogramas por segundo.