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martes, 15 de diciembre de 2020

Biblioteca de Escritoras/es Andaluces

Con la creación de esta BIBLIOTECA, la Asociación Colegial de Escritores de España (Sección Autónoma de Andalucía) pretende acercar al público en general y muy especialmente a los docentes, alumnos de Secundaria, Bachillerato y Universidad, y por extensión a todas las bibliotecas públicas, una extensa nómina de escritores andaluces, ceutíes, melillenses y del Magreb que –como se ha especificado– utilizan el español como lengua vehicular de expresión literaria.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Presentación de Arteratura

Manuel despierta el día que ha señalado para acabar con su vida y la de su esposa. Así, con una mortecina concesión a la esperanza, comienza uno de los relatos de Arteratura, el libro que aglutina las historias que Fernando Martínez López ha urdido durante años alrededor del mundo de la literatura, la música y el cine. El día que ha señalado para acabar con su vida y la de su esposa. Sólo los grandes narradores se atreverían a comenzar un relato de esta manera, me refiero a comenzarlo tan cerca de su desenlace, a comenzarlo justo antes del momento exacto en que se aproximarían a esa historia de muerte y redención los telediarios, los tertulianos de medio pelo y los grupos más beligerantes de Facebook, a comenzarlo en el momento decisivo, cuando ya parece que sea imposible para los personajes echar el freno y dar marcha atrás. Pero Fernando sabe muy bien lo que hace. Fernando domina la estructura y el ritmo de sus narraciones, y es consciente, además, de que nada resulta más efectivo que plantarse ante el lector y espetarle lo que va a suceder, espetárselo como queriendo decirle: “Esto es lo que hay. Intenta evitarlo”. La verdad lo es aunque duela. Lo es aunque en realidad se trate de una ficción que nace de esas otras ficciones literarias, cinematográficas o musicales que han marcado la trayectoria vital de Fernando. Porque nuestras vidas suelen tener su banda sonora, y su álbum de fotogramas imborrables, y sus páginas marcadas a lo largo de todos los libros que hemos leído y que han hecho de nosotros, de alguna manera, lo que somos. Y también lo que nunca vamos a ser. 
De Fernando Martínez López, por ejemplo, conocemos algunas cosas porque él mismo se ha encargado de que las sepamos. Veamos. Que nació en Jaén a mediados de los sesenta pero que se vino siendo niño a Almería, donde con los años se doctoró en Ciencias Químicas. Que en su juventud fue un dignísimo saltador de triple salto. Que tuvo sus escarceos como docente en la Universidad de León y que, de regreso a la ciudad celeste, terminó ejerciendo de profesor de Química en un instituto de la capital. Que ha publicado artículos de divulgación científica en revistas especializadas. Que es miembro del Instituto de Estudios Almerienses y de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y que participa en el Circuito Literario Andaluz del Centro Andaluz de las Letras. Que el Parque Natural de Cabo de Gata es el Parnaso donde se cita habitualmente con las musas. Se ve que las suyas no son tan escurridizas como las mías. Que muchos de sus relatos y novelas han obtenido premios en los más variopintos lugares de nuestra geografía y en certámenes de muy distinto pelaje -destacan sobre el resto, a mí modesto entender, el XXXIII Premio de Novela Felipe Trigo que obtuvo por su libro “Tu nombre con tinta de café”, y el haber sido finalista del XVI Premio de Novela Fernando Lara con la obra “Tiempo de café y cenizas’-, siendo en la actualidad, probablemente, el narrador almeriense más leído. Todo esto lo sabemos porque Fernando, por diferentes medios, nos lo ha contado. 
Pero hay otras cosas de Fernando Martínez López, tal vez las más importantes aunque carezcan de importancia, que he descubierto durante los días previos a este acto leyendo Arteratura. Gracias a este conjunto de relatos sé que Fernando quería mucho a nuestra querida Pilar Quirosa – Cheyrouze, pues a ella le dedica el libro; que al cine le debe gran parte de sus días de vino y rosas, y su bueno y su feo y su malo, y algunas de esas noches de lluvia negra que todos padecemos tarde o temprano, y la capacidad de gritar ante la adversidad que la vida es bella; que para él las calles de nuestros pueblos no serían lo mismo sin un músico callejero que llevarse al oído y que muchas de las ciudades que transita darían la vida por poder tararear su propia Strawberry Fields forever o, llegado el caso, alguna de los Doors que no resultase en exceso pretenciosa; que su vida de lector -es decir, la vida- pudo cambiarle por completo cuando se encontró a una mujer emparedada entre las páginas de un libro, o cuando descubrió a un caballero de triste figura luchando contra los gigantes que todos hemos consensuado llamar molinos, o cuando aquel gran amor, al que un aparcero decimonónico esperaba ante el altar en la madrugada del cortijo del Fraile, huyó ante sus narices dejándole el aroma de la tragedia prendido a la yema de los dedos. No pretendo destriparles el libro de Fernando, pero sepan ustedes que en sus páginas van a encontrarse con el Noi del Sucre, con el fondo Kati, con Cortázar, Muñoz Molina, Hemingway, Tolstói y Federico, con Eastwood, Benigni, Braschi y Lennon, con Morrison, Dylan, Beethoven y Morricone. Todos ellos les mirarán sin disimulo desde las mismos renglones en los que Manuel se despierta el día que piensa acabar con su vida y la de su esposa, y todos ellos defenderán su huella en este libro de historias varadas en Almería, y todos vivirán para siempre -si les dejan- en estos párrafos llenos de besos, renuncias, desahucios y recuerdos, párrafos -como bien escribe Fernando- tan emocionantes como el rumor de las olas en una playa que se ha frecuentado de niño.

Por José Luis Martínez Clares


jueves, 9 de agosto de 2018

Antología de poesía iberoamericana actual


Tengo el gustazo de participar en esta completa antología de poesía coordinada por Francisco Alfonso Berlanga Reyes y José Antonio Santano Serrano. Todos los integrantes de la misma hemos nacido entre 1970 y 1985. Está compuesta por una nómina de 55 autores de diferentes países. Y añade ExLibric: "El lector constatará que se incluye la más rica variedad temática, técnica y estilística, como corresponde a una nómina de poetas tan considerable y de procedencia tan diferente".

jueves, 19 de abril de 2018

Doctorado en vientos



Doctorado en vientos (Letra Impar, 2018), cuarto poemario de José Luis Martínez Clares, supone un justificado y merecido homenaje a la figura de Javier Egea y a su genial Troppo mare, que se gestó durante una estancia del granadino en La Isleta del Moro. Espléndidamente ilustrado por la Agrupación de Acuarelistas de Andalucía, Doctorado en vientos está prologado por la poeta asturiana Laura Fjäder y cuenta con una introducción del escritor Manuel Cruz.

Doctorado en vientos es el arma frente al exceso y la grandilocuencia de un autor que desafía el encorsetamiento teórico. José Luis Martínez Clares forcejea con sus contradicciones en márgenes peligrosos mientras bebe del recuerdo para Javier Egea. Sus constantes emocionales y el trayecto vital se vinculan rechazando el discurso pretencioso y totalizador que castra la poética de tantos, para encontrarse en la quietud y el movimiento de los espacios de tránsito, en las islas comunes donde dolerse, en mares distintos y laberintos plagados de referencias que sería egoísta desvelar aquí”.
Laura Fjäder, del Prólogo del libro.

“Humanismo militante que se niega a rendir sus banderas de dignidad y justicia ante la violenta mansedumbre del ciego egoísmo de supervivencia hacia el que nos empuja el orden ideológico dominante: engolado en sus declaraciones y propuestas, humanista en el marketing, pero cruel y despiadado con los excluidos, los vencidos definitivamente en esta guerra invisible y traidora, sin nombres y sin fronteras”.
Manuel Cruz, de la Introducción del libro.


jueves, 15 de febrero de 2018

Un andar solitario entre la gente


Siento el mismo vértigo de siempre, el vértigo que siento cada vez que me asomo a un nuevo libro de Antonio Muñoz Molina. Antes de lanzarme al vacío, pongo en marcha el protocolo del fetichista: lo palpo, lo huelo, compruebo el tacto de sus páginas (esta vez viene cosido y se lo agradezco a Seix Barral), me detengo en las tapas, busco alguna incipiente dedicatoria inicial y poco más: mi oficio de lector me avisa de que ésta no es tarde para libros: lo cierro como si cerrase una caja fuerte, y lo deposito entre los estantes. Tal vez, arrimarse al precipicio de la lectura requiera de unas condiciones determinadas que todavía no se dan. Pero no me preocupa lo más mínimo. Cuando sea el momento, sé que será el libro quien me avise.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Soñadores

Bowie and Wilde.
En cuanto la vida me deja un rato en paz, me largo con otra. Con otra vida, entiéndanme. Hoy, sin ir más lejos, le he hecho los coros a Bowie en New killer star. Hubiese preferido lidiar en solitario con ese riff machacón e inolvidable si mi primitiva motricidad fina me permitiera aventurarme en los acordes de la electricidad. Pero para qué disimularlo: la guitarra ni en sueños. Observarán que estas inactividades mías, totalmente inofensivas y cargadas de ingenuidad, no deberían acarrearme consecuencia alguna (más allá de los sempiternos y recurrentes vivesentumundo), pero no me fío ni un pelo: por algo escribió Wilde que la sociedad perdona casi siempre al criminal, pero jamás al soñador.

martes, 9 de enero de 2018

Hagamos un roto a la Poesía


A la Poesía le pasa un poco como a la viñeta de El Roto: si un poeta le escribiese a la nieve, debería escribirle también a la gente que pasa la noche en la AP-6, a la página de sucesos del frío, al hielo y al deshielo, a los pueblos incomunicados donde se subsiste sin apenas suministros, a los cortes de luz, a los ancianos varados tras una ventana, a los niños sin colegio, a la porquería que siempre sobrevive a cualquier postal. De no hacerlo así, no le estaría escribiendo a la nieve; le estaría escribiendo al azúcar.
Creo que es necesario hacerle un roto a la Poesía, privarla de su dulzura, porque los versos almibarados sólo sirven para confundir a los demás.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

El hijo pródigo


Sin saberlo, guardaba un Tàpies en casa de mis padres. Pero no se trata de un Tàpies cualquiera. Es un Tàpies plasmado en la cubierta diseñada por Jaume Bordas para un Vargas Llosa: La guerra del fin del mundo en su primera edición de Seix Barral cuando Seix Barral tenía aún su sede en Tambor del Bruc, 10, en San Joan Despí, muy cerca de nuestra residencia familiar de General Mola, s/n; una edición cuidada por Luis A. Lagos y Alex Zisman; una edición de lujo que ha reposado durante treinta y seis años protegida por un estuche sobre un estante de nuestra casa de Gor, muy cerquita del fuego como todo libro que se precie de serlo.


Lo abro con apetito y en la primera página impar, sobre un fondo que debió ser blanco en otro tiempo, encuentro trece firmas. Son las rúbricas de los compañeros de mi padre en las oficinas de Conisa, sitas en la calle Balmes de Barcelona, trece nombres garabateados que nos devuelven por un momento a aquel lejano veinticuatro de diciembre de mil novecientos ochenta y uno, el día en que se despide de su trabajo como contable tras una década. Guardan los libros más historias de las que cuentan. Tan sólo tres días después, el veintisiete de diciembre, llegamos a Gor para empezar la segunda de nuestras vidas.
Ojeo el libro y me entrego de nuevo al capricho de la aritmética: treinta y seis años esperando que alguien lo agarre con decisión, que alguien pretenda leerlo al fin, porque a pesar de ser un bien muy preciado en nuestra casa sospecho que nadie lo ha leído todavía. Ahora está aquí, en mi barra, junto a mis Alhambras artesanas, entre los juegos de mis hijos y el olor a cena de pueblo, y cuando todos se acuesten lo desvirgaré sin miramientos. Me toca a mí seguir la estela de o fanatico Antonio Conselheiro camino de Canudos, del mismo modo que hace treinta y seis años le tocó a mi padre decidir si basta con emprender el camino de regreso para poder sentirse un hijo pródigo.

jueves, 23 de noviembre de 2017

El alma dormida


Os lo aseguro: no es fácil escribirle a un poeta, aunque este sea eléctrico. No es fácil escribirle a alguien que entrega su vida a la travesía del desierto. Sé de lo que hablo porque en mi primer libro le dediqué un poema a José Ignacio Lapido, una conjunción de versos que resultó -ahora lo veo- en exceso pretenciosa. Desde entonces, decidí no volver a tentar a la suerte y dediqué mis esfuerzos poéticos a cuestiones más mundanas. Súbitamente, apostaté de mis precarios principios, dejé de codiciar la comunión “en el agnóstico recreo / de los dioses” y comencé la búsqueda de una voz propia, una voz que se pareciera un poco más a mí. Una vez más, el apellido Lapido se cruzaba en mi camino justo en el momento necesario: quién podría negarle al maestro el don de la oportunidad.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Un futuro Long John Silver

Portada de La isla del tesoro en su edición en USA de 1911 y mapa de la isla en la edición británica de 1883.

Podría haberlo firmado el mismísimo Robert Louis Stevenson, pero he de hacerlo yo porque el genio escocés ya no está entre nosotros y no todos los días se descubre a un personaje literario de esta magnitud. Si asumo este compromiso es porque supone una verdadera excepcionalidad que el maestro pregunte cuáles son los distintos tipos de mapas que existen y un pequeño John Silver, como surgido de entre la bruma de los pupitres, con gesto casi fantasmagórico, levante su mano para preguntar: ¿Se puede poner el mapa del tesoro?

lunes, 2 de octubre de 2017

Curso de escritura automática

Curso de escritura automática. Emilio Calvo de Mora. Detorres Editores. Córdoba, 2017.

“Las horas iban persiguiéndose sin tregua / y el mejor juego era el que no acababa nunca”. Qué enorme placer supone la lectura de un poemario cuando te deja la impresión de que has estado de cervezas con su autor, acodados ambos en la última barra abierta de la noche, cómplices todavía en esta quimera paradójica del verbo, empapados, a ratos, por “esa exquisita tristeza / que los años acaban / convirtiendo en estilo”. Imagínalo, amigo Emilio: el barman nos propone un Jack Daniel´s antes de echar el cierre y, mientras llena nuestras copas, convenimos que, si nos dejasen, seguiríamos aquí aferrados al precipicio de la lectura hasta que nos abordase el mismísimo “Kafka con su libro de capitulaciones”

jueves, 21 de septiembre de 2017

Decadencia


Estoy sumergido en una autentica celebración de la palabra: La fiesta del chivo. Y, claro, ahora me pregunto cómo el mismo tipo que regaló la vida a esas líneas puede haber escrito El héroe discreto o Cinco esquinas. Algunos de ustedes me dirán que son las consecuencias del paso del tiempo; otros que se debe a las exigencias de un mercado voraz. Quizás, de alguna forma, todos estén en lo cierto: la Literatura nunca debería envejecer ni prostituirse.

viernes, 30 de junio de 2017

Felices vacaciones

Treinta de junio: se acaba el curso. Pero este año, además, se cierra una etapa. Sí. Ya lo sé. Es sólo un trabajo. Pero el trabajo son muchas horas al día. Un día tras otro. Y así durante doce años.
Gracias a todos los que habéis estado aquí siempre. Os llevo conmigo. En un libro futuro...

jueves, 29 de junio de 2017

Las flores suicidas


En una época de universal engaño, decir la verdad constituye un acto revolucionario.
George Orwell.


En Ficciones, un conjunto de relatos publicado en 1944, se encuentra uno de los cuentos más célebres del universo borgiano: Pierre Menard, autor del Quijote. A diferencia de Menard que escribe solamente un par de capítulos sin tener conciencia de que está copiando literalmente el original, Juan Herrezuelo (Palencia, 1966) nos regala, gracias al cuento que da título a su último libro, Las flores suicidas (Talentura, 2017), un Quijote inédito, pues su Alonso Quijano, felizmente reencarnado en la piel de Isidro Agay, parece ser, al contrario que su predecesor manchego, el único hombre cuerdo en medio de una marabunta de locos, el único consciente de la vocación suicida que empuja a nuestra sociedad hacia la autodestrucción.


miércoles, 7 de junio de 2017

Sinfonía del abismo

Hay reseñas que constituyen un poema por sí solas. "Lo que mirarán tus ojos" en Foco Sur, bajo la batuta de Pilar Quirosa Cheyrouze. No tengo palabras para agradecérselo lo suficiente.

viernes, 26 de mayo de 2017

XXIII Velorio Poético de Almería


Organizado por el colectivo Poetas del Sur, se celebró la noche del pasado miércoles el XXIII Velorio Poético de Almería. El acto, que estrenaba nuevo emplazamiento -el restaurante Dos Culturas- fue presentado por María Ángeles Lonardi, Diego Alonso Cánovas, Alonso de Molina, Rocío Andrés Granados y Perfecto Herrera Ramos, y, durante el mismo, se homenajeó a Juan Ramón Jiménez a través de la voz de la actriz Gloria Blanco. Después, fuimos leyendo nuestros poemas Alfonso Berlanga Reyes, Javier Anisa Prior, Pepe Jesús Sánchez Marín, Gloria Langle Molina, Rocío Andrés Granados, Berta Maldonado y yo mismo. La velada estuvo amenizada por la música de Sensi Falán -siempre sublime- y hubo -cómo no- varios reporteros gráficos a los que agradecerles su presencia y su trabajo desinteresado: Antonio Almécija, Pepe Criado y Alberto Herrera. Agradezco a Poetas del Sur su invitación y el trato recibido. Fue, sin duda, una noche para el recuerdo. Para mi recuerdo.

jueves, 11 de mayo de 2017

La mañana tiene nombre de obligaciones

“Páginas señaladas”, el nuevo libro de Javier Ramírez Villalba (Editorial Círculo Rojo, 2017).

Tengo un capricho de escritor: para hablar de este libro voy a empezar hablando de otro libro diferente. Escribe Javier Pérez Andújar, en su novela “Los príncipes valientes”, que existen dos tipos de escritores: los de mar y los de río. Nos explica el de San Adrián de Besós, que los escritores de mar son más narradores y que los de río son más poetas. Javier Ramírez Villaba, que nació en Arroyo del Ojanco, provincia de Jaén, lleva toda su vida viviendo frente al mar. Todo indica que, en su caso, esta trayectoria vital, estas aguas dulces y saladas, constituyen una estupenda mezcolanza, un amasijo de inquietudes y talento que quizás hayan influido sobremanera en el camino literario que se ha trazado Javier, en el afán narrativo del que hace gala su poética. Porque Javier Ramírez, después de tanto tiempo, sabe muy bien que es mejor huir de los poemas que no cuentan nada, poemas que fluyen por un río seco, huir de la poesía que nace sólo para ser poesía, pues la vida -como escribe en el poema que da nombre a este libro- es:

Un cuento clásico,
una comedia
ambulante pero hermosa
en la ciudad perdida de mis sueños.


viernes, 5 de mayo de 2017

El instante de dilapidar un sentimiento

Feria del libro de Almería: homenaje a la obra de  Pilar Quirosa Cheyrouze.


Buenas noches. Es un placer estar aquí, con todos vosotros, en este acto de la Feria del libro de Almería. Un placer que le debo a una nueva llamada de Pilar, una más de las innumerables muestras de confianza y afecto que siempre he recibido de ella, de esta poeta almeriense que todavía se pregunta en su último libro, Memorial shadow, cuánto queda de aquella niña que se asustaba de las monjas en un colegio de Tetuán. Desde allí, desde ese lejano continente que tenemos a la vuelta de la esquina, llegó a esta tierra de luz meticulosa, y es aquí donde Pilar se estableció para desarrollar la mayor parte de su trayectoria poética.


No es un capricho de este poeta caprichoso el situar a Pilar, en primer lugar, en un espacio geográfico concreto, porque me atrevo a afirmar que la obra de Pilar Quirosa Cheyrouze sería completamente diferente si el destino no le hubiese reservado un encuentro con Almería. El contexto determina la obra de cualquier creador y esta tierra se ha convertido en un escenario natural sin el que no se entenderían el lirismo, la cadencia y el aroma de los versos de Pilar. A nuestra poeta, por esta confluencia irrenunciable de espacio vital y espacio poético, se le acumulan versos de esta calaña:

Y, sin descanso, costea mi frente el mar.

Ese Mediterráneo antiguo, con su rito incansable del agua, que empapa nuestros mejores recuerdos, que fluye en la intensidad de los días azules, llegando a nosotros a través del oleaje de la memoria. Un mar que refresca este presente a veces ingrato, tan rutinario, acostumbrados, como estamos, a bañarnos en la bajamar de cada día.


Porque la poética de Pilar zarpa desde las desavenencias con la rutina, como un barco de versos que, para encontrar la perspectiva adecuada, tuviese que surcar, a diario, las aguas de nuestra bahía; un barco pilotado por una mujer que es capaz de edificar un mundo nuevo a partir de los restos del naufragio; un barco cargado de futuro pero capaz de transportar las mercancías del pasado; un barco que avanza sobre el mar deformando el reflejo caprichoso de los astros, de ese cosmos que tanto fascina a Pilar; un barco cuyo rumbo se pierde en el devenir borroso de la línea del horizonte, del mismo modo que se van perdiendo lentamente las siluetas de todos cuerpos celestes al amanecer.
Y, desde la cofa, Pilar anota versos en su libro de presas, versos que son, ante todo, un brindis a la luna, versos que nos guían entre las lecturas recurrentes, las músicas compartidas, los nombres de las hijas que no tuvimos, los territorios amados del pasado, los lugares que no habremos de volver a pisar aunque sigamos codiciándolos entre preguntas, rabia y nostalgia. Es la suya una poética de momentos inolvidables, de palabras atrapadas por la tela de araña del recuerdo, de preguntas retóricas para las que no hallaremos respuesta ni falta que nos hace, porque nadie necesita saber por qué es tan triste la memoria de los recuerdos felices aunque se lo pregunte a diario.


Marinera en un barco hacia la nada. Pero también maestra. Maestra de poetas -amiga, Pilar-, maestra de compañeros en esta locura de la palabra, porque eres el más claro ejemplo de que los verdaderos poetas no conocen el divismo. Me refiero a esos poetas que sin pretenderlo nos orientan y enriquecen al resto, los poetas que dan ejemplo porque saben perfectamente que ser un espejo para los demás no es la mejor manera de influirles sino más bien la única.

Hay, además, por último, algo que me encandila de la escritura de Pilar: Pilar escribe con la rebeldía de quien no acata el destino, tal vez porque está harta de que el tiempo se lo lleve todo. Hasta tal punto que, en su último libro, ha querido regalar la actualidad a sus instantes más preciosos, esos instantes que pelean por no desprenderse de su memoria, y lo ha hecho puliendo su estilo y su escritura, llegando a la conclusión de que, si los verbos son acciones en el tiempo, su ausencia, por tanto, concedería a la narración la plena atemporalidad, la vigencia más absoluta: matar el verbo para detener el tiempo. Cuánta lucidez, amiga. Por eso, por todos estos recursos de poeta rebelde que Pilar maneja con soltura -aunque Luis Antonio de Villena afirme que tu poesía se nutre del dolor-, leyéndote uno acaba convencido de que la Poesía puede vencer a la enfermedad, al desamor y a la muerte, de que tus palabras conservan el poder suficiente como para hacer que los versos, aunque sean oscuros en ocasiones, no nos oscurezcan el pensamiento ni el porvenir. No hay peligro con Pilar. Uno cierra sus libros con una sonrisa, porque se percibe mucha claridad entre sus sombras. Tus poemas constituyen el perfecto “habitáculo de los instantes que regresan”. Leyéndolos, uno descubre que Pilar tiene la virtud de decir las cosas con la sinceridad que otros ya vamos perdiendo y, por su boca eternamente joven, nos preguntamos:

Cómo escribir un poema
esperando el regreso de la luz,
la única estancia habitada”.


Amiga Pilar, ya se acaba el mes de abril, ese mes que todos quisiéramos robar para guardarlo en casa, a nuestro lado, entre nuestras cosas más preciadas y nuestras preocupaciones más inoportunas, y yo imagino que tú lo despedirás desde tu torre vigía, esa habitación iluminada por el retorno perecedero de los recuerdos, donde aguardas “el sol de la medianoche” para atraparlo en una hoja en blanco, la hoja donde quedarán por siempre tu espera, tu memoria y tu palabra. Gracias a estas tres cosas que pueden parecer insignificantes, a estas guaridas inexpugnables del poeta, siempre te anticiparás a todos los naufragios que habrán de llegar, porque no en vano viajas en un barco que surca la bahía dejando una estela de versos tan infalibles como éste:

Ésta es la hora
así lo han querido los astros,
el instante de dilapidar un sentimiento.

martes, 4 de abril de 2017

El diario del día antes

Compañero del alma. Texto de Juan Herrezuelo publicado en La Voz de Almería el pasado 30 de marzo de 2017.

El día 31 de marzo, robé un periódico. Además, lo hice delante de mi hija que, naturalmente, me pidió unas explicaciones que no acerté del todo a darle. Estaba manchado de aceite, un tanto decrépito, arrinconado entre tazas y vasos en la esquina de la barra. Se trataba de un ejemplar del día anterior y había muerto demasiado rápido, en tan sólo unas horas, como se mueren, a diario, todos los periódicos que dan con sus huesos en un bar. Y allí lo encontré. Allí, en portada, armado con su pipa, estaba Miguel Naveros y, en las páginas interiores, sus ojos de poeta me miraban sostenidos por las palabras de mi amigo Juan Herrezuelo. Pocas veces un robo estuvo más justificado, porque, como intenté explicarle a mi hija, en este caso el mayor delito hubiera sido el olvido.

lunes, 6 de marzo de 2017

Cine, poesía, amor

Con Juan Herrezuelo y José Luis Campos Duaso.
En la calle, daba rienda suelta a su anarquía una auténtica tempestad, pero dentro, en las mismas entrañas de Metáfora, el swing del jazz lo envolvía todo. Los que por allí pasaron -amigos y compañeros en el mundo de las letras, familia en definitiva-, pudieron escuchar a Juan Herrezuelo, a media luz, descubriendo los pasadizos que conducen del Cine a la Poesía y viceversa, mediante una intervención que difícilmente podré olvidar.
De la presentación de “Lo que mirarán tus ojos”, de aquella noche tormentosa de la Librería Metáfora, me llevo la certeza de cuánto amamos el Cine y la Poesía, juntos y también revueltos, como una conjunción anómala de imágenes sin rima y de versos en blanco y negro. Y todo ello porque, como bien dijo Herrezuelo citando sin tapujos a José Luis Garci, el cine es el amor a veinticuatro fotogramas por segundo.