Holden Caulfield aborrece los
miércoles. Creo que en realidad aborrece todos los días de la semana. El chico
aún no sabe que de vez en cuando la vida nos guiña un ojo y decide corregirnos una
de nuestras auroras vertiginosas. Sí, amigo Holden. De vez en cuando, como
quien no quiere la cosa, la vida se peina a lo garçon y, entonces, las
canciones de amor no nos aburren porque nos parecen tan dulces como canallas. Qué
emocionantes son las emociones cuando se alejan de la cursilería.
Holden apenas intuye que algunas bocas
son un milagro de la humedad. Debe ser por eso que todo le deprime. Demasiadas cocacolas, amigo. Demasiadas noches
buscando alguien que te aguarde al final de tu mirada, alguien lo
suficientemente enigmático como para no defraudarte. Claro. Holden y su
cinismo. Holden y sus preguntitas. ¿Adónde irán los patos cuando se hielen sus
lagos? Qué pretenderá que le respondan a eso.
Al final, conseguirá que me
pierda los bises, la voz inabarcable
de Mara Barros, el acabóse de los conductores suicidas, la suave condena de tener
que vivir cien años.
Saben… no suelo dar consejos,
pero nunca vayan a un concierto de Sabina con un Salinger en la guantera.
Imagen: Holden Caulfield por Alexa Dunham.
Sitio web de la imagen.
Joaquín Sabina: “Nos sobran los motivos”.
