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miércoles, 11 de marzo de 2015

Quinientas noches entre el centeno

Holden Caulfield aborrece los miércoles. Creo que en realidad aborrece todos los días de la semana. El chico aún no sabe que de vez en cuando la vida nos guiña un ojo y decide corregirnos una de nuestras auroras vertiginosas. Sí, amigo Holden. De vez en cuando, como quien no quiere la cosa, la vida se peina a lo garçon y, entonces, las canciones de amor no nos aburren porque nos parecen tan dulces como canallas. Qué emocionantes son las emociones cuando se alejan de la cursilería.
Holden apenas intuye que algunas bocas son un milagro de la humedad. Debe ser por eso que todo le deprime. Demasiadas cocacolas, amigo. Demasiadas noches buscando alguien que te aguarde al final de tu mirada, alguien lo suficientemente enigmático como para no defraudarte. Claro. Holden y su cinismo. Holden y sus preguntitas. ¿Adónde irán los patos cuando se hielen sus lagos? Qué pretenderá que le respondan a eso.
Al final, conseguirá que me pierda los bises, la voz inabarcable de Mara Barros, el acabóse de los conductores suicidas, la suave condena de tener que vivir cien años.
Saben… no suelo dar consejos, pero nunca vayan a un concierto de Sabina con un Salinger en la guantera.
Imagen: Holden Caulfield por Alexa Dunham.
Sitio web de la imagen.

Joaquín Sabina: “Nos sobran los motivos”.