Bailaron apenas dos piezas.
Corría el año 57 y el Nevada
Palace -Ganivet, 7- daba cobijo al equipo de rodaje de La India en llamas (J. Lee Thompson, 1959).
“Era bellísima”, apostilla y prosigue: “Teníamos dieciocho años y nada que perder. Nos acercamos a saludarla y,
sin mediar palabra, esbozando tan sólo un gesto inacabado, me invitó a bailar”.
Recuerda que, de repente,
enmudeció la orquesta y ambos se alejaron como mecidos por el silencio. Él no pudo
o no supo silbar.
Apuro mi copa y le pregunto a qué
huele Lauren Bacall. Respira recónditamente como aspirando de nuevo su recuerdo
y me responde sin paliativos: “Olía a
señora”.
Pie de foto: Lauren Bacall.
