A Alan Wood, que por entonces tenía veintidós, la vida le ha regalado sesenta y ocho años más que a la mayoría de los muchachos que combatieron aquel marzo sangriento.
El tiempo, siempre tan cauteloso, tan breve e inesperado, tiene la costumbre de ir tapando los ojos a los testigos directos de la historia y, desde ese momento, la veracidad de la narración tan sólo depende de la buena voluntad de quien la escribe.
El tiempo, siempre tan cauteloso, tan breve e inesperado, tiene la costumbre de ir tapando los ojos a los testigos directos de la historia y, desde ese momento, la veracidad de la narración tan sólo depende de la buena voluntad de quien la escribe.
A veces pienso que la historia la escriben los vencedores para que nunca la olviden los vencidos, pero Eastwood se alistó en los dos bandos para que nosotros pudiésemos recordar a todos los muertos.
Pie de foto: Raising the Flag on Iwo Jima, de Joe Rosenthal.
