La escritura, como todos los ríos, tiene dos orillas: la primera, a simple vista, parece más poética porque desde ella miramos a las aguas que pasan como quien mira al tiempo que no volverá. En cambio, en la otra orilla, nos sentimos más prosaicos y narramos, al paso de las aguas, todas las historias que hablan del tiempo que no volverá.
Algunos escritores son capaces de frecuentar ambas orillas pues, para pasar de una a otra, únicamente necesitamos cruzar el río. Sólo existe un requisito: se recomienda ser un buen nadador.
Pie de foto: San Juan Bautista. Martínez Clares, 2010.
